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Una aventura en Sahara

Las gasolineras

Las gasolineras

Como sé que algunos, pillines, lo que os gusta son las fotos, porque eso de tanta lectura...

En fin. Serafín. Pues aquí os mando una. Esta es una gasolinera típica del Sahara. Son sencillamente bidones de gasolina puestos en altura, con un sistema de imanes y una goma, que va marcando cuanto ha bajado el bidón.

Aquí la gasolina es muy barata, porque Argelia es productora de ella. Pero tienen dos calidades y la de los campamentos, suele ser la mala, que desgasta ,más si cabe, los coches de por aquí.

Ya tengo escrito el capítulo de 12 de Brahim, que se titula la eternidad del tiempo en el Sahara. También he escrito algún informe: Uno sobre economía, otro sobre las dunas... Y quiero escribir uno sobre la historia, que lo tengo en la cabeza desde hace tiempo... ¿Qué queréis que publique primero? Se admiten sugerencias. Un abrazo...

Cap. 11 LA ESCUELA

Cap.11 LA ESCUELA.

A las siete de la mañana, los rayos del sol que entraban por las rendijas de la jaima, despertaron a Brahim. Ya había movimiento dentro, Mamía estaba sirviendo el desayuno en una mesita baja de plástico que ponían para hacer las comidas. Cogió a Mulay y lo puso frente a la mesa dándole un cacho de pan. Éste todavía dormido y con los ojos cerrados empezó a dar mordisquitos al pan y a medida que iba comiendo sus ojos se iban abriendo. Fue como ver amanecer, cuando sus ojos enormes como platos alcanzaron el zenit.

- Hoy vas a ir a la escuela. Así que desayuna rápido, que todavía tienes que lavarte y dentro de un rato vendrá Lafdal a buscarte –comentó Fadel.

-Pero si hoy es sábado ¿Cómo voy a ir a la escuela?

-Aquí el sábado es como el lunes para vosotros. Así que venga date prisa.

A regañadientes, porque no le apetecía nada ir a la escuela, obedeció. Para él, estos días eran como unas vacaciones extra y el hecho de ir al colegio no ayudaba mucho, aunque por otro lado, tenía curiosidad de saber como sería la escuela allí. Cuando estuvo listo, su tía Mamía le cogió por banda y peine en ristre le hizo un peinado, estilo raya al medio, que le dejó como un dandi de los 70. Además le aplicó una buena capa de fijador para que no se le moviera un pelo y le echó un chorrazo de colonia, “que para qué necesitan duchas allí”. El olor a pachuli, no se le fue en todo el día.

En ese momento llegó Lafdal y emprendieron camino a la escuela. Tardaron exactamente cinco minutos y es que la casa de Fadel estaba muy cerca de las dos escuelas que había, que por otra parte estaban casi juntas. Tan sólo las separaba una calle.

Antes de entrar a la escuela. Los niños formaron ante un mástil y se izó la bandera saharaui, mientras se cantaba una canción. Después las filas una a una fueron desfilando hacia la entrada. Brahim se puso en todo momento detrás de Lafdal, imitándole en todos sus gestos, como si fuera su sombra. Los pupitres eran antiguos, estaban soldados de dos en dos, de manera que se sentaron juntos, uno al lado del otro. Un niño fue a sentarse en el asiento de al lado de Lafdal, pero este le dijo algo en hasanía y el niño se marchó a otro asiento.

Cuando entró la maestra, todos se levantaron y dijeron una frase como si estuvieran recitando un verso. La maestra se quedó de pie mirando a todos y de pronto su mirada se detuvo en Brahim. Señalándole con el dedo, le dijo:

-Ila hom – e hizo un gesto con los dedos que no cabía otra interpretación, ven aquí.

Brahim se levantó y fue al lado de la profesora. Esta le cogió con un gesto amable poniendo la mano en el hombro y dijo algunas palabras en hasanía. Los niños escuchaban sin decir nada y luego todos al unísono dijeron:

-Merhaba – la profesora entonces hizo otro gesto inequívoco para que se sentase.

Brahim estaba muy atento y aunque no entendía casi nada, a algunas palabras, más o menos, les podía dar una interpretación lógica. Estaba decidido a aprender el idioma. Además de que ahora era también el suyo, quería entenderse con Rabab y esa parecía la única manera, porque mediante gestos no le iba a poder decir todas las cosas que quería. Y eso que con la mirada que se habían echado el otro día, se habían dicho un montón de cosas.

Al comienzo de la clase, la maestra le dio un cuaderno y su primo le prestó un lápiz para escribir. Estuvo copiando lo que había en la pizarra, pero entre que las letras eran garabatos y que escribían de derecha a izquierda no se enteraba de nada. Lo único que hacía él era dibujar lo que había. Eso sí, se esmeró tanto que la maestra hasta le felicitó, o eso parecía, aunque no sabía que narices había copiado. Estaba claro que necesitaría algo de ayuda para aprender ese idioma tan raro.

Las siguientes dos horas fueron mucho mejores. En matemáticas estaban con la tabla de multiplicar y además les pusieron unas cuantas restas y sumas, que para él, por supuesto, estaban chupadas. Al final de la clase les puso en fila e hicieron una rueda de multiplicación. Los números no los entendía, pero su primo se los traducía y él no tenía ningún problema en decir el resultado, claro que lo decía en castellano y luego su primo lo decía en hasanía. De tanto repetirlos casi se aprendido todos los números del uno al diez: “wahed, znein, zalaza, arbaa, jamsa, sita, sabaa, zamania, tisaa y achra” o algo así…

La siguiente clase fue de español. Cuando llegó el profesor todos los niños gritaron:

- ¡Buenos días maestro! –poniéndose en pie.

Brahim supuso que esa sería la frase que antes habían dicho en hasanía porque sonaba de la misma forma.

 El imaginaba que en la clase de español se lo iba a pasar en grande, pero la verdad es que se aburrió un poco, porque era una clase muy repetitiva y nada divertida, aunque como el profesor traducía muchas veces, le sirvió para aprender algunas frases. Lo que no le gustó nada fue la actitud del profesor, porque estaba todo el rato con una vara y aunque no pegó a nadie, a veces amenazaba a los niños con darles.

- Pero es que os pega con la vara –preguntó Brahim en voz baja.

- Cállate. –Como diciendo, “no quieras probar”. Y es que en la clase no se movía ni un alma. Había un silencio sepulcral y parecía que estaban en misa. Brahim interpretó que era mejor hacer caso a su primo.

En el recreo los niños salieron a la calle a jugar. Fue entonces cuando Brahim acribilló a preguntas a Lafdal.

- ¿En qué curso estás tú?

- En quinto A

- En quinto  y todavía no sabéis multiplicar…Pero si yo estoy en tercero en España y ya nos vamos por la división.

- Es que… muy difícil. Se me olvida.

- ¡Madre mía!, pues vamos a tener que hacer un trato. Tú me enseñas el idioma y yo te enseño las tablas de multiplicar. Porque la verdad, es que no me entero de nada.

- Vale. Yo enseño a tú.

- Se dice a ti. Yo te enseño a ti…

Brahim siguió haciendo preguntas a Lafdal, sobre los profesores y las demás asignaturas, aunque este le contestaba con evasivas hasta que rápidamente zanjó el cuestionario de forma rápida, porque lo que quería era aprovechar el recreo para jugar al fútbol.

- ¡iale! A jugar fútbol.

Brahim no tuvo más remedio que aplazar las dudas para luego. Acordaron después de clase dedicar la tarde a estudiar. Brahim, no le dijo a Lafdal el verdadero motivo de su interés desorbitado por aprender el idioma, aunque este a medida que pasaron los días creo que se fue haciendo una idea, porque cuando a la salida del colegio veían a Rabab, que iba a la escuela de al lado, Brahim se quedaba tan embobado mirándola que no escuchaba a quien le estuviera hablando.

Todas las tardes después de salir del colegio se iban caminando hasta el final del campamento, donde había una gran duna y a su sombra se ponían a estudiar. Los dos primos empezaron a darse clases mutuamente. Brahim le ayudaba con las matemáticas y los deberes de español. Porque aunque Lafdal sabía hablar más o menos bien español, no sabía leer y menos escribir. A cambio éste le enseñaba árabe y hasanía. Una de las dificultades estribaba en que ellos tenían dos lenguas: El árabe, que es la lengua oficial para todos los musulmanes, porque es la lengua del Corán, su libro sagrado y el hasanía que es el dialecto de los saharauis. Ésta es muy parecida al árabe, pero no se escribe, sino que es una lengua sólo oral. Esto era un poco lioso, pero poco a poco Brahim fue aprendiendo a decir algunas frases sencillas y sobre todo a interpretar esos signos tan raros que había visto por primera vez, escritos en aquella  pizarra de la clase del colegio.

La motivación de Brahim y la inteligencia de ambos hicieron que esa semana fuera la más provechosa de sus vidas. Nunca antes habían aprendido tan rápido ni en la escuela ni en ningún otro sitio. Ellos dos constituían un tándem magnífico, el dúo dinámico, Cristiano e Higuaín o Chavi y Mesi… “Que para gustos colores”.

El mundo de las cabras

El mundo de las cabras

También les gusta hurgar y escudriñar etre la basura, porque suelen comer cosas de papel, para alimentarse con su celulosa.

El mundo de las cabras.

El mundo de las cabras.

Al lado de nuestra casa están los corrales... Y allí habitan unos seres que hacen cosas raras. Mirad y observad.

Cristina y yo integrados en la clase...

Cristina y yo integrados en la clase...

Tras la visita de los chicos de Elche de Educación solidaria...Tuvimos una charla muy interesante sobre educación.

Nos integramos como miembros de la clase

Cap.10 Rabab

CAPÍTULO 10: RABAB

 

Normalmente Brahim no era nada tímido, cuando quería una cosa iba a por ella y su desparpajo a la hora de hablar le había servido muchas veces para ser un referente entre sus amigos y amigas. Pero en ese momento y frente a esa chica le faltaban las palabras y no le salía ni el aliento necesario para articular un solo golpe de voz. Estuvieron mirándose durante unos instantes, sin que ninguno de los dos fuera capaz de decir nada. En esos instantes, Mamía salió de la jaima gritando y cortó ese momento dulce, pero a la vez tenso:

- ¡Lehi noclu! -y mirando hacia la furgoneta, tradujo para Brahim- ¡Vamos a comer!

La chica con un movimiento ágil pero sensual, bajó de la furgoneta, mientras que Brahim seguía paralizado como una estatua, como si alguien le hubiera tocado con una varita mágica y le hubiera echado un conjuro que le impidiera reaccionar. Habría querido ayudarla para bajar de la furgoneta y ser un caballero, pero no pudo. Al pasar por su lado quiso detenerla, pero su brazo no se movió, tan solo su mirada era capaz de seguir los movimientos gráciles de la muchacha. Cuando ya le había sobrepasado, por fin salió del embrujo y entre balbuceos logró decir algunas palabras:

- ¡Espera! –La chica se paró girando la cabeza al tiempo que su pelo describía una ola en el aire y sus ojos negros se clavaban en Brahim. Éste temió que le volviera a suceder el anterior atontamiento, porque al notar su mirada las piernas le temblaron un poquito, pero tragó saliva y se acercó hacia ella.

- ¿Cócococomo te llamas? –logro decir medio tartamudeando y pensando para sus adentros que vaya payaso estaba hecho. Pero la chica no contestaba.

- ¿Me puedes decir tu nombre? -esta vez más seguro de sí mismo. Pero la chica seguía sin contestar-. Tu nombre. Yo me llamo Brahim -dijo más despacio y gesticulando con la mano. Entonces la chica pareció comprender.

- Ana asmi Rabab.

- Ana Asmi Rabab –repitió Brahim.

- La, la, la. No, no, no -la chica señaló con el dedo hacia su pecho y repitió- Rabab.

- Ah, ya comprendo. Tú te llamas Rabab. Encantado…-entonces la chica sonrió y le dedicó una mirada que valía más que mil palabras, para a continuación seguir su camino hasta la casa.

Brahim, la vio alejarse sin apartar su mirada y la siguió hasta la casa. Ya estaba servida la comida. Sobre unas mesas bajas había un montón de fuentes. Arroz con carne, dátiles con mantequilla, cuscus, dulces y también bebidas; cocacola, zumo y fanta de manzana. Brahim se sentó como todos los demás alrededor de las mesas entre su primo Lafdal y el hermano de este, más mayor, de unos dieciocho años llamado Mohamed uld Luchaad. Las mujeres estaban en otra habitación junto con los más pequeños como Mulay y compañía. Brahim observó que no había platos individuales ni cubiertos, al mismo tiempo que vio a sus primos comer directamente con las manos sobre las distintas fuentes de comida. En ese momento llegó su tía con unos pinchos de algo que parecía carne y le dio uno a Brahim, que cogió como si fuera una salvación. Al menos esto lo podría comer. Cuando lo observó más detenidamente vio que era una carne muy rara y que parecían higaditos, envueltos sobre grasa.

- Se llaman pinchitos –le dijo su primo Lafdal, que debió de observar la cara de sorpresa de su primo-. Cómetelos están muy buenos -y seguidamente le dio un gran muerdo al suyo, poniendo una gran cara de placer.

Brahim trató de imitarle y con un trozo de pan en la otra mano se dispuso a superar el miedo inicial. Al fin y al cabo, pensó: "si a él le gusta tanto por qué no me va a gustar a mí". Y en efecto. Estaba muy rico, aunque había que comerlo con mucho pan, porque tenía abundante grasa. Los pinchitos le gustaron mucho. Estaban realmente buenos.

Más trabajo le costó lo de comer con las manos. Cogió un trozo de carne pegándole un gran muerdo. Estaba  un poco chiclosa y se le formó una bola que disimuladamente tuvo que sacarse de la boca y poner dentro de una servilleta. Después decidió que los trozos debían de ser más pequeñitos con lo que resolvió ese problema. En algunos había un poco de arenilla y no podía masticar fuerte para deshacerlos bien, por lo que esos trozos también fueron a parar a la servilleta, que pronto se le fue abultando.

Lo de comer el arroz y el cuscús con las manos fue otro problema, porque se le escapaban los granos por todos los lados. Entre unas cosas y otras estaba dejando su parte de la mesa guapa. Observó como lo hacían los demás, que formaban una especie de bola con el puño, como si estuvieran amasando la comida y luego se la metían en la boca, pero eso de apretar con las manos la comida le daba un poco de asco, así que él intentaba cogerla con los dedos, con lo que el resultado fue el descrito anteriormente… Toda la parte de su mesa… sucia.

Al cuarto de hora de empezar a comer ya habían terminado. Las mujeres vinieron a la habitación para recoger la mesa y los hombres fueron lavándose las manos y sacando sus cigarrillos y sus manillas para fumar. Los que eran un poco más jóvenes, pero que también fumaban, tuvieron que irse fuera, porque no podían fumar delante de los mayores. Posteriormente una mujer mayor, que por lo visto también era tía suya, entró en la habitación y se puso a hacer té.

La fiesta transcurrió de ese modo. Siguieron haciendo té toda la tarde. Después llegó la cena, que era otra versión muy similar a la comida y al caer la noche, en la jaima de fuera, empezó la música y el baile.

Fue un espectáculo muy divertido e inusual para Brahim. Para empezar, la música era totalmente diferente a lo que él había oído anteriormente. Los instrumentos consistían en una guitarra, un teclado y una persona cantando.  Pero parece que los instrumentos estaban distorsionados o afinados de una forma rara, aunque sonaba muy alegre y rítmico. En algunos momentos se parecía al flamenco y en otros incluso al rap. Las mujeres bailaban luciendo sus mejores pasos. A veces algún hombre también salía a bailar y empezaba una especie de juego con la bailarina. Como acercándose a ella con movimientos sensuales e insinuantes, pero sin llegar a tocarse y luego alejándose. Parecido al cortejo que hacen algunos pájaros a la hora de aparearse. Fue realmente muy divertido y todos se lo pasaban en grande. Cuando la música empezó, no había apenas gente, pero poco a poco se fue llenando hasta que ya no se cabía en la jaima de la gente que había. Pasadas unas dos horas o así, la música dejó de sonar y todo se desalojó. En un santiamén todo el mundo se había ido y quedaba sólo la familia, que poco a poco y después de hacerse unas fotos con una cámara que había traído Mohamed Uld Luchaad, se fue cada uno para su casa.

Ese día Brahim cayó rendido, sin saber si quiera, que se había vuelto acostar sobre una manta doblada y con un cojín como almohada. Como allí era costumbre. En el suelo.

 

 

 

CAP. 9 DAME CARAMELOS

CAPÍTULO 9  ¡DAME CARAMELOS!

 

El cierre del espectáculo matarife culminó colgando al animal de un gancho, para posteriormente irle diseccionando. Cuando volvió a la casa se dio cuenta que había una clara división entre sexos y generaciones. Los hombres estaban todos en un beit, mientras que las mujeres estaban en otro, los niños pequeños estaban jugando en el patio interior y los mayores estaban fuera; los niños jugaban al futbol y las niñas estaban sentadas hablando encima de una furgoneta medio destartalada.

Su primera intención fue dirigirse a la furgoneta, donde había tres niñas más o menos de su edad, entre ellas aquella cuya mirada misteriosa le había cautivado tanto, pero antes de que pudiera acercarse lo suficiente el balón llegó hasta sus pies.

- ¡Vamos, tira pelota! ¡Ven jugar! –gritó Lafdal. ¿Tu qué equipo eres?

- Yo soy del Atleti…

- De Bilbao.

- No, el Atlético de Madrid.

- Bueno, tú con nosotros. Ellos son Barça y nosotros Madrid…-Y siguieron con el partido en medio de la calle con dos porterías hechas con piedras. Había unos diez chicos, aunque todos no eran de la fiesta.

Según Lafdal le contó, jugar un partido no era nada difícil, porque siempre había gente dispuesta y animosa. De hecho el único deporte que parecía existir en los campamentos, era el fútbol. A veces algunos mayores jugaban algún partido de voleibol, porque los miembros de la Brigada Sumut (asociación de jóvenes que ayuda a los necesitados) tenían una red que a veces ponían. Aunque este año desde luego, no la habían puesto ni un solo día.  

A la media hora de estar jugando cuando Brahim ya había demostrado sus destrezas futboleras, que le habían hecho ganar algún punto entre sus nuevos amigos saharauis, ocurrió un acontecimiento que distrajo la atención de todos los niños y también de las niñas que estaban de cuchicheo en la furgoneta, probablemente hablando del nuevo fichaje aparecido en los campamentos.

-¡Shof, shof! Nazaranis. – Repentinamente la atención por el juguete esférico pasó a un segundo plano y cuatro personas que pasaban junto a ellos acapararon su atención. El más cercano a ellos, sin ningún tipo de preámbulo previo se dirigió a ellos de una forma un tanto impulsiva.

- ¡Dame caramelo!- seguidamente otros se unieron al primero.

- ¡Dame caramelo! ¡Dame dinar!

- Esperad chicos, no seáis impacientes…Un poco de paciencia, -dijo un joven de unos veinte años, mientras se quitaba la mochila y escudriñaba dentro de ella.- Mirad aquí tengo para todos.

En ese momento los demás al ver que la operación había dado resultado se arremolinaron en busca del tesoro por capturar. En un momento al joven se le aparecieron más manos de las que podía abastecer, por lo que intentó repartir los caramelos lo más equitativamente que pudo. Al mismo tiempo,los chicos que con ambas manos buscaban el ansiado dulce, avasallaban a los jóvenes a preguntas.

- ¡Tú dónde eres!

- Somos de España.

- Dónde, de Castilla la Mancha, de Andalucía…

- Somos de Madrid.- respondió una chica del grupo, que iba con el espléndido Nasarani.

- Yo soy de Ponferrada, de Castilla León. Yo de Béjar, de Castilla León, -contestó Lafdal y así cada uno fue diciendo dónde había pasado las vacaciones de verano en el programa Vacaciones en Paz.

El chico que estaba repartiendo los caramelos reservó unos cuantos en su mano y se los acercó a Brahim.

- Toma, ¿tú no quieres caramelos?

- Verás señor, mi madre me tiene prohibido que acepte caramelos de extraños. Y yo a ustedes no les conozco. – Ante tan inesperada respuesta los jóvenes madrileños se quedaron un poco parados sin saber reaccionar. Al cabo de unos segundos otro chico con rastas que iba con ellos le preguntó.

- ¿Y tú cómo sabes hablar tan bien español?

- Pues porque soy español como tú. –Respondió Brahim.

- ¿Y de dónde eres?

- Soy de Tomelloso, mi madre también y mi abuelo era también español. De la provincia 53, esa que los españoles abandonaron a su suerte. – Después de esa respuesta que sorprendió a todos, hasta a él mismo, se fue sin contestar a más preguntas. Estaba enfadado, pero no sabía por qué, quizás fuera por la arrogancia de esos jovenes dando caramelos como si fueran los reyes magos, o por sus nuevos amigos asaltando a los forasteros de esa manera o porque se sorprendieran de que él pudiera ser español, en realidad, no sabía por qué se había enfadado, porque él no solía ser tan impulsivo y normalmente meditaba más sus reacciones. Sin saber dónde iba con la cabeza gacha y ensimismado en sus pensamientos, se encontró de frente con la furgoneta y en ella estaba, sola, la persona con quien había estado deseando hablar desde el primer momento que la vio.

Reflexión y día a día en los campamentos

REFLEXIÓN:

 

 

En demanda a un lector e interlocutor asiduo al blog, que por iniciativa propia y por derecho, se ha convertido en mi joven Padowan, explicaré cuál es el día a día en los campamentos. Pero antes de ello, me gustaría dejar en el aire una duda que me asalta desde que he abierto este blog y espero no ser demasiado crítico ni ofender a nadie que esté en su sillón al otro lado del mundo:

La duda que me asalta es la siguiente; día a día veo que este blog se lee de una manera más o menos asidua por unas pocas decenas de personas. Supongo que entre esas personas habrá gente de diferentes edades y que no sólo serán mis alumnos aquellos que leen mis informes o el cuento de Brahim, habrá padres, profesores, otras personas. Como es lógico ellos y ellas, sabrán que esto es un campo de refugiados, que está situado en, como dice la canción, la cara mala del mundo. Estamos en tierras musulmanas, en unas circunstancias muy singulares, en el desierto, en la hammada, en casas de adobe… A veces los occidentales, por llamarnos de alguna manera a esa mínima porción de gente que vive, o se cree que vive, en unas óptimas condiciones de vida, piensan que lo saben todo. Se creen que las noticias, por ejemplo, que les llegan del mundo son las que son y que el mundo es el que ellos conocen. Pero… están muy equivocados.

Me refiero a que, ¡por Dios!, hay una persona aquí en los campamentos de refugiados, entre el mundo musulmán, conviviendo con sus pensamientos, con su pueblo, con su gente… Y nadie tiene ninguna duda, nadie pregunta, nadie demanda respuestas…

Por ejemplo… ayer sacaron en Al jazira, esa televisión que muchos calificarán sin tener ni idea, de integrista y que sin embargo es la televisión más vista del mundo, un video de un helicópetoro americano en Irak haciendo estragos entre población civil… ¿Alguien lo vio? ¿Salió en las noticias españolas?. Otro ejemplo es el de las Vacaciones en Paz. Seguro que muchos o algunos de los lectores de este blog han tenido niños saharauis o saben de vecinos o familiares que los hayan tenido. Ahora hay un debate en internet sobre ello. ¿No estáis interesados en saber mi opinión?. O sobre el conflicto saharaui, ¿¿¿¿no queréis que os cuente nada?????

Os aseguro que en la historia de los campamentos de refugiados habrá mucha gente que haya venido aquí… Pero probablemente se cuenten con los dedos de la mano aquellos que hayan pasado aquí más días que yo, conviviendo con ellos y viendo lo que aquí pasa y cómo funciona esto…La mayoría vienen aquí una semana o dos y se van… No les da tiempo a enterarse de casi nada de lo que hay… En fin… Espero que no os ofendáis pero…pocos interrogantes he recibido…

 

UN DÍA EN LOS CAMPAMENTOS:

 

Los días de diário, es decir, de sábado a miércoles nos levantamos a las siete menos cuarto de la mañana. Para preparar el desayuno tenemos que entrar en la casa de Lapshan Lepshir que es nuestro anfitrión y con el que compartimos cocina y como a veces la puerta está cerrada porque él todavía está durmiendo, tenemos que saltar el muro de adobe… Ahí tenemos una pelea porque el nos dice que llamemos y le despertemos y a mi no me hace gracia despertarle a esas horas… En fin que en esas estamos: Hay días que salto y otros que no.

A las siete y media viene Mohamed Bachir, que es el jefe de estudios del 9 de Junio, para recogernos. El vive en la wilaya de Smara y como le pilla de camino nos recoge. Aunque le pagamos (150 €) porque nos lleve y nos traiga al Nueve, nos hace un tremendo favor, porque alquilar un coche a Protocolo (organismo del Frente Polisario)  cuesta una pasta, aproximadamente unos 1000 euros al mes, así que la diferencia es como floja.

El Centro de Formación Pedagógica del 9 de Junio está a unos cinco kilómetros del 27 de Febrero, wilaya en la que vivimos, en dirección a Mauritania. No hay carreteras y hay que atravesar la hammada, por lo que es necesario un todoterreno. El coche de Bachir es un antiguo Land Rover de fabricación española. Los famosos Santana son los reyes del desierto, unos trastos que no se rompen y duran más que las pilas alcalinas. Además como tienen una mecánica supersencilla, los arreglan con cualquier cosa: con chicles, esparadrapo, trozos de lata…Es una maravilla, ver las intimidades de esos coches, porque a veces son verdaderas piezas de arte e ingeniería rupestre.

Las clases las comenzamos a las 8 hasta las 12: 30. Después Bachir nos lleva de vuelta al 27 para comer en casa. Casi siempre uno de los tres no tiene clase por la mañana así que puede quedarse en casa para preparar la comida, pero a veces, nos vamos a comer a un restaurante. Ahora hay dos, aunque ha llegado haber hasta cuatro. La comida no es muy variada y generalmente salvo excepciones muy concretas hay dos platos a elegir: alubias y pollo con patatas. A veces como digo, también tienen lentejas y otras estofado de carne de camello, pero rara vez.

Después de comer nos echamos la siesta, aunque raramente dormimos por el calor sofocante. A partir de abril el calor es muy intenso desde las once hasta las seis de la tarde casi no se puede estar. No me quiero imaginar en mayo cómo va a ser y ¿cómo aguantarán en junio y julio? Bueno ahora sé que aquí en el 27 mucha gente tiene aire acondicionado. Si no tienen el de aire, que es más caro, tienen uno que funciona con agua. Pero claro en esta wilaya hay luz, y en las otras funcionan con placas solares, que no sé si serán suficientes para hacer funcionar esos aparatos durante mucho tiempo…

A las cuatro y media viene otra vez Bachir, para llevarnos al Nueve al que le toque dar clase por la tarde. Yo tengo clase sólo dos días por la tarde. Cuando no tengo, generalmente espero a las seis y me voy a correr. Me gusta correr por el desierto y ver la inmensidad del vacío y la amplitud de la nada. Tengo los alrededores de la wilaya conquistados y le he puesto nombre a cada colina, que aquí se llaman güeras, además tengo localizadas las pocas falsas dunas que hay, los ríos secos, y hasta alguna base militar que sin duda no estaba en los planes de ser localizada por ningún nasarani (nazareno, traducción literal, aunque se emplea como la palabra guiri en España). Cuando vengo de correr me ducho. Tenemos botellas de agua al sol que nos sirven como agua caliente. Al llegar la tarde están como un caldo, de modo que al mezclarla con el agua de la cuba alcanza una temperatura muy agradable. Ahora en este tiempo ya no hace falta, porque el agua de la cuba está igualmente caliente. Después de ducharme, me voy a visitar a algún amigo para que me invite a un té. A veces voy a ver al Rubio, que tiene tarjeta y puedo ver los partidos de cualquier liga. Ahora por ejemplo estoy en su casa esperando con impaciencia ver el Atleti-Valencia. Otras veces me voy a ver a mi amigo Haida, donde siempre me espera una tacita de café y una buena cena. Además la casa de Haida es la más visitada del campamento y aunque intento enseñarle español, porque en teoría es a lo que voy, nunca podemos hacer nada, porque siempre está lleno de gente. Otras veces nos vamos al bar de Mohamed, que tiene una terracita y nos tomamos una cocacola o un café.

Las fiestas en el veintisiete tampoco son inusuales y si no hay una boda, es que han venido algunos activistas o hay algún evento especial al que podemos asistir y que rompe un poco con la monotonía del ambiente.

Por otra parte también tenemos muchos amigos que a veces vienen a visitarnos. Por ejemplo nuestros amigos mejicanos o Jou el americano, el mismo Lapshan o Ismail, que son los que viven en la casa. También viene mucho Sama, amigo o familia de estos últimos, que ha estado muchos años en Cuba y si no fuera porque de vez en cuando se pone a rezar, parecería un auténtico hijo de Fidel y Aichetu, Fadel y muchos más...

Por la noche solemos ver alguna película de las muchas que nos hemos llevado gravadas en nuestro disco duro… En fin… Que no tenemos mucho tiempo de aburrirnos..

Los fines de semana que son los jueves y los viernes, hacemos lo mismo, pero sin ir a clase, aunque a veces viajamos a otras wilayas para ver a los amigos y amigas que tenemos por allí.

Como veis se puede decir que vivimos bien. No nos podemos quejar…Un abrazo a todos y todas…