Capítulo 12. La eternidad del tiempo en el desierto.
CAP. 12 LA ETERNIDAD DEL TIEMPO DEL DESIERTO
Al final de esa semana Brahim creía llevar al menos un mes en los campamentos. No se podía creer que sólo hubiera estado allí siete días. La cantidad de nuevas cosas que le habían pasado y que había aprendido eran mucho mayores que todas las del año anterior. Había conocido a un montón de gente, sus costumbres, un nuevo idioma, nuevas comidas, un paisaje totalmente distinto al que estaba acostumbrado. Además el tiempo parecía detenerse y durar una eternidad. Era como en esas películas de superhéroes, cuando el protagonista frota sus manos y concentrándose puede parar el tiempo para poder campar a sus anchas, mientras los demás permanecen inmóviles como estatuas. Pues en el desierto era lo mismo. Desde que se levantaba hasta que se acostaba hacía miles de cosas: Además del colegio y sus clases particulares con Lafdal, jugaban su partido de fútbol todos los días, iban a visitar al abuelo para tomarse un té con él, daban de comer a las cabras, jugaban con sus amigos a tirarse por la arena de la gran duna, jugaban con una rueda de coche que tenía el amigo de Lafdal, Mahfud. Ese juego le gustaba mucho. Consistía en darle con un palo golpes a la rueda y hacerla girar sin que se cayese. También iban a tirar piedras a los perros vagabundos, que solían moverse por el extrarradio de los campamentos, entre la basura que hay esparcida por todas las afueras. Allí también solían buscar objetos metálicos, móviles, antiguos cacharros eléctricos para destriparlos y ver lo que tenían por dentro. Una vez, el año pasado, un amigo de Lafdal al que llamaban el chisme, fue capaz de fabricar una radio con los restos de muchos aparatos rotos y desde entonces tenían música que le ofrecía la banda sonora de sus aventuras.
Básicamente estaban todo el día en la calle. La casa sólo la pisaban para comer y para acostarse, lo cual venía sucediendo entre las diez y las once. Allí nadie le tenía que mandar a acostar, porque caía rendido sin remedio. Y además daba igual donde. Ni colchón ni nada. Luego por la mañana se despertaba en su sitio de la jaima tapado con una manta, pero era su tío Fadel quien le colocaba allí, recogiéndolo de cualquier rincón donde se hubiera quedado dormido.
Era increíble la diferencia que había entre España y los Campamentos. En España era todo más, no sabía cómo decirlo, más… rollo, esa era la palabra. Su madre le tenía que llevar a la escuela en coche, no solían jugar casi entre semana, porque además como vivía fuera del pueblo, todavía era pequeño para ir sólo hasta clase. Siempre con su madre que le acompañaba a todos los lados. Además toda la vida programada desde que se levantaba, que si clases particulares de inglés, que si ahora toca ir a música, ahora los deberes, ahora cena, a las diez a la cama. Hasta la televisión estaba programada, sólo mientras te tomas la merienda y antes de la cena. Allí la televisión no la había visto ni un minuto, aunque estaba puesta cuando llegaba a casa, porque la tía Mamía no se perdía las telenovelas, pero él no le prestaba atención y además no echaba de menos la tele para nada. Ni siquiera para ver fútbol.
En los campamentos estaba todo el día en la calle y nadie le decía nada, ni a qué hora esto ni a qué hora lo otro. Ni siquiera a la hora de las comidas, porque como tenían tanta familia si no comían en una casa, comían en la otra. Esa era otra cosa que le gustaba de veras; allí tenías muchas casas, porque en todas las casas eras bienvenido. Pero sin duda, lo que más le había llenado en ese tiempo, además de descubrir el flechazo del amor por primera vez, que no es moco de pavo, era su amistad con Lafdal. En una semana Lafdal se había convertido en su mejor e inseparable amigo. Iban a todos los lados juntos. Tanto es así que hasta no recordaba haberse separado de él ni un minuto. Ni siquiera para irse a dormir, porque unas veces Lafdal dormía en su jaima y un par de veces, él había dormido en la suya. Nunca antes había encontrado un amigo tan fiel y tan bueno. Le iba a costar mucho trabajo volver a España. Por primera vez pensó que no le apetecía volver y se puso triste pensando en Ana. Ella si que le echaría de menos. No podía olvidar eso, no podía perderse en este mar de aventuras, sin tener en cuenta su realidad, menospreciando el amor que le había dado la única madre que él había conocido. Tenía muy claro que eso nunca lo haría, aunque por momentos y ante tanto acontecimiento inesperado se hubiera dejado llevar. Decidió en ese mismo instante escribirle un email y se fue al ciber a enviárselo.
7 comentarios
ALBA -
ALBA GOMEZ -
QUE TAL TUS VACAS PORQUE YA ME DIJERON QUE VINISTE A ESPAÑA Y QUE ESTUVISTE EN VALENCIA Y OTRA COSA EN MANZANARES YA TENGO COLE ME GUSTA MUCHO Y SE LLAMA ENRIQUE TIERNO GALVAN PERO NO ME GUSTA TANTO COMO EL DE TOLEDO Y YA SE QUE ALOMEJOR BAS A ESTAR CON LOS NIÑOS YO TE ECHARE MUCHO DE MENOS NUNCA TE VOY A OLVIDAR. UN BESO. Y ESPERO QUE ME ESCRIBAS PRONTO.ADIOS.
MARTA SANCHEZ -
ALBA GOMEZ IBAÑEZ -
ALBA GOMEZ -
Como llevo tanto tiempo sin escribirte te voy a contar donden me he ido de vacaciones: me he ido a la Manga me he divertido mucho bañandome en la piscina, bañandome en la playa, buscando conchas, caracolas,berberechos, almejas, haciendo 4 amigos españoles y 4 amigos ingleses que era un poco dificil hablar con ellos aunque algo nos entendiamos.
despues de no escribirte porque estaba de vacaciones me fui a Segovia vi el acueducto romano, muchos museos, yacimientos arqueologicos despues me fui a la granja a ver los jardines de la granja y el palacio.
bueno otro dia te cuento mas cosas. un besazo .que te lo pases mut bien en tus vacaciones. Escribemme.
Joaquín -
Ni por un momento... Sólo que he estado ocupadillo.
En efecto, aquí los niños tienen otro horario, y están todo el día en la calle. Disfrutan mucho, aunque eso cuando son un poco más mayores se les vuelve en contra, porque no tienen nada que hacer ni dónde ir y eso les revoluciona mucho.
Si he conocido a una persona que le pasó una cosa parecida a Brahim, aunque no exactamente igual. Es rapero y vive en Cartagena.
Un abrazo muuuuuuuu grande para todos
Erik Fente -