Cap. 6 Tocando la arena
CAP. 6 TOCANDO LA ARENA
Desde la ventanilla del avión, Brahim observaba atónito las nubes, estaba literalmente flipando. Entre ellas se observaba un trozo de tierra y después una gran mancha azul. Estaban dejando España y llegando a la costa africana. Pronto llegarían a Argel, su primer destino. Después allí cogerían otro avión hasta Tinduf que según había dicho Fadel, era donde estaban los Campamentos de Refugiados Saharauis.
Estaba pensando en lo rápido que habían sucedido las cosas, después de aquella conversación que tuvo con su madre. Al día siguiente cuando volvió del colegio, su madre y su tío habían hablado y lo habían arreglado todo. Se irían en una semana. Había que irse pronto, porque luego al llegar el verano hacía mucho calor. Además la mayoría de los niños de la edad de Brahim venían a España en un programa que se llama Vacaciones en Paz, y no era cuestión de que él fuera el único niño de los campamentos. ¿Con quién iba a jugar entonces? No conocería a todos sus primos. Esto le desconcertaba un poco, porque lo primero que le habían dicho era que su familia había muerto en esos bombardeos y ahora sin embargo aparecían primos, primas, tíos y tías por todas partes. Antes la familia de Brahim eran Ana, su abuela Narcisa y su tío Narciso, que había visto apenas un par de veces, porque estaba de misionero en la India. Ahora parecía que había sacado una caja de donetes mágicos y la familia se había multiplicado.
En el colegio le habían dejado ir sin ningún problema. Todavía recuerda las palabras del profesor:
- Ana, no te preocupes que Brahim ya tiene aprobado el curso… Únicamente, si puede volver antes de que den las vacaciones, así no se perderá la fiesta del final de curso, y un diploma especial que le tengo ya medio preparado. Y tú… ven aquí –cogió a brahim de los hombros como solía hacer cuando les daba una charla íntima- aprovecha este viaje. Vas a conocer otro mundo, otra forma de vida muy diferente a la que conoces. Sé listo y coge las cosas buenas que veas. En todos los sitios se puede aprender, es cuestión de mirar con los ojos abiertos. Ya sabes lo que digo… ¿No?
- Si maestro, creo que sí…
- Pues ve y aprende. Elige lo mejor de cada mundo y hazte el tuyo propio.
Esto último no lo entendió mucho, aunque asintió de igual forma. A lo mejor con el tiempo ya lo comprendería.
Cuando el avión aterrizó, Brahim sintió un cosquilleo en la barriga, parecido al que sentía cuando montaba en el Zigzag que iba a las ferias de Tomelloso. Fue entonces cuando su tío, que había estado dormido todo el trayecto, despertó.
- ¡Ahh! ya hemos llegado.
- Se te habrá hecho corto el viaje ¿no?, sabes que ha venido la azafata a reñirnos porque de los ronquidos que pegabas el capitán no se concentraba para pilotar el avión.
- Si, no me digas.
- Que no hombre, que es broma.
- No sabía que eras tan bromista… Eres igualito que tu abuelo, siempre bromeando… Me acuerdo una vez que fuimos a la playa de Puerto Rico, al sur del Aargub. Le habíamos pedido la barca prestada a un amigo de nuestro padre, y este nos la había dado con la condición de llevarle dos buenas corbinas (un pescado típico de allí). Tu abuelo invitó a dos chicas españolas para que viniesen con nosotros. Luego una, María, una morena guapísima hija de un coronel del cuartel de Villacisneros, que después fue por un tiempo novia de tu abuelo… Pues bien… Cuando fuimos a devolverle la barca, nos preguntó por las corbinas y tu abuelo le dijo:
-Pescarlas las hemos pescado, pero eran demasiado dulces para traértelas… Y además demasiado pequeñas para ti, pero si nos dejas la barca otro día, igual te presentamos a su madre. Los tres entonces rompimos a reír- Fadel también esbozó una sonrisa recordando.
- Me gustan mucho tus historias. –Dijo Brahim.
-Y a mi contártelas- concluyó el tío- pero ahora vamos, salgamos del avión.
En el aeropuerto de Argel estuvieron esperando más de ocho horas hasta la salida del siguiente avión, así que a Fadel le dio tiempo a contarle un montón de historias de él y su abuelo y también alguna de Fatma, su madre natural, de cómo luchó por su pueblo incansablemente organizando las entifadas, que no eran más que manifestaciones en la calle. A pesar de saber que cada vez que la cogían, los castigos que la policía marroquí le infligían eran más fuertes y duros, ella nunca se rindió y luchó por su pueblo hasta el final de sus días.
Llegaron a Tinduf a las cuatro de la mañana. Brahim, que no había dormido nada en todo el viaje, estaba destrozado y no se enteraba de mucho. Con la ayuda de su tío, tuvo que rellenar dos tarjetas, con datos que decían quién era, de dónde venía y dónde se iban a quedar.
Después fueron a una sala muy pequeña, donde se apelotonaba todo el mundo para coger los equipajes. La cinta de apenas cuatro metros estaba cargada de maletas, que caían al suelo sin cesar, porque entre tanta gente no se podía acceder a ellas. Cuando se fue despejando la cosa, Brahim y su tío por fin pudieron coger su maleta y salir fuera del Aeropuerto. Allí había un autobús donde empezó a subir toda la gente hasta que no cabía nadie más. Luego había otros que subían en todoterrenos. Por fin vino un hombre que dio un abrazo y dos besos a Fadel, además de hablarle en, se supone hasania, un montón de frases que no llegó a entender. Éste vestía con la darrá, pero en vez de azul, esta vez era blanca.
- Mira Brahim, este es tu tío Luchaad.
Antes de que el pudiera reaccionar, su nuevo tío le cogió y le fundió en un gran abrazo con sus grandes manos.
- ¡Yaale!- dijo Luchaad.
- ¡Vamos al coche!, dijo Fadel.
A los 20 minutos de haber montado en el Nissan Patrol, este se paró. Su nuevo tío dijo algo en hasanía y Fadel empezó a reír a carcajadas.
- Bienvenido a los campamentos. Nos hemos quedado sin gasolina…
Entonces sacaron las mantas y se pusieron a esperar tumbados al raso y arropados esperando a que viniera alguien con gasolina.
Brahim, se quedó mirando el cielo cargado de estrellas, tantas como no había visto en su vida, tocó el suelo y cogió un puñado de tierra. No era arena del desierto como había visto en fotos. Era arena gorda con piedras… Con el puño cerrado y cargado, se quedó dormido al momento.
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