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Una aventura en Sahara

Capítulo 17 El desenlace: la guerra y la situación actual.

CAPÍTULO 17 EL DESENLACE: LA GUERRA Y LA SITUACIÓN ACTUAL

Brahim, no tuvo oportunidad de comentarle a su primo que la otra persona que estaba en el sueño no era el guardia, sino su amada Rabab. No volvería a salir el tema hasta el día de la despedida. Pero en aquella ocasión él ya dudaba que hubiera sido una casualidad. Algo extraño le pasaba.

A la mañana siguiente su tío Fadel cargó todos los enseres que se necesitan para un viaje a El Badía. El sitio al que iban estaba tan sólo a unos quinientos kilómetros, pero eso en el desierto es una distancia considerable y puede haber mil imprevistos, por lo que más vale estar preparados. Se necesita gasolina de sobra, agua, víveres, alimentos, mantas, materiales para hacer un campamento improvisado…

Por lo visto íbamos a ver a su hija y a una exmujer que tenía allí, que estaba muy enferma y necesitaba estar en tierras donde hubiera más pasto y las camellas dieran mejor leche y un ambiente sin tanto polvo, como el de los campamentos.

El tío Fadel se había casado cinco veces y tenía cuatro hijos más repartidos por ahí, a parte de Mulay, que había tenido con su actual esposa. Eso era muy corriente entre los saharauis. Me refiero a lo de casarse varias veces. Allí existía el divorcio, siempre que el hombre fuera el que lo pedía y la casa se la quedaba la mujer, al igual que los hijos. Entre las causas que explican esta conducta estaba la guerra, que duró 16 años y provocó la escasez de hombres, la cultura nómada y musulmana, y la naturaleza del hombre y la mujer en sí misma. Pero no voy a explicar esto no vaya ser que la historia tome un cariz demasiado filosófico.

Durante el viaje no hablaron nada. Los dos, tío y sobrino, iban absortos pensando en sus cosas. Brahim contemplaba el abismo que le rodeaba. Era impactante, tremendo. Cómo la naturaleza puede ser tan áspera, tan devastadora para los seres vivos. Quién podría vivir allí, kilómetros y kilómetros de… nada. Desierto, tierra pedregosa, una basta llanura de hamada, como un agujero negro. De vez en cuando como un milagro inaudito algún grupo de taljas sobresalía del infierno, para demostrar al mundo que se puede sobrevivir con muy poco. Éstas plantas eran la esencia del pueblo saharaui: “Una gota en el inmenso mar, que te da la vida”.

Antes de llegar a Birlehlu, que significa pozo de agua dulce, hicieron una parada para tomar el té, un poco de queso y carne a la brasa. Al alejarse Brahim un poco para mear, observó que en una piedra había dibujados unos grabados.

- Mira tío aquí en esta piedra hay dibujadas unas jirafas.

Fadel se acercó para mirar y al verlo en su cara se reflejó un alo de tristeza.

- Si Brahim, eso son pinturas rupestres. Son el reflejo de lo que somos ahora. Así está nuestro pueblo, como  nuestro patrimonio, perdido en la inmensidad del desierto.

- ¿Pero es que aquí hubo jirafas?

- Sí jirafas, gacelas, cebús, chacales y hasta leones. Pero ya no queda nada, salvo algunos de nosotros y unos cuantos chacales, que son como las cucarachas, sobreviven al infierno.

En el viaje de vuelta Fadel estaba más hablador. Ya había puesto las cosas en orden y lo que fuera que estaba pensando ya no le preocupaba tanto.

- Así que quieres que siga con la historia…

- Sí quiero saber qué paso, por qué acabamos aquí. ¿Por qué los saharuis estamos en esta situación? –Era la primera vez que ponía el plural en primera persona.

- Bien sigamos entonces. Trataré de finalizar la historia sin irme por las ramas para que tengas una visión de conjunto. Luego ya tendremos tiempo de profundizar en lo que más te interese:

“Sin duda fueron tiempos difíciles, de mucha escasez, miserias, muertes, decepciones, traiciones… Ahora estamos muchísimo mejor que entonces, sólo que hemos perdido nuestra tierra y las raices tan largas son difíciles de recuperar.

El año 75 fue clave, aunque ya se venía mascando todo lo que iba a suceder. No hay un solo culpable en todo este embrollo. Qué facil sería si así fuese. Los españoles nos dejaron desamparados cuando se fueron. Es como dejar a un bebé en un bosque lleno de lobos. No puede sobrevivir. La Comunidad Internacional estaba presionando a España para que se fueran. Algunos países como Inglaterra, Arabia Saudi y sobre todo Francia y Estados Unidos, apoyaban a Marruecos, porque habían hecho acuerdos con ellos para explotar los beneficios de nuestra tierra. España en aquellos momentos era casi tercer mundo, además de una dictadura a punto de derrumbarse por la inminente muerte de Franco. Debían hacer algo ya. Ellos querían poner a un gobierno afín al régimen, es decir, un gobierno que pudieran manejar y con el cual pudieran obtener los beneficios que ellos creían suyos, puesto que habían gastado mucho dinero en el Sahara.

Por otra parte el pueblo, en su mayoría, estaba con el Frente Polisario. Ese grupo de libertarios, imbuidos por otras revoluciones como la argelina o las conducidas por el Che en Latinoamérica. Eramos jóvenes, impetuosos y no supimos leer la situación internacional. El mundo no nos dejó llevar a cabo nuestras intenciones eran demasiado peligrosos para nuestros líderes corruptos, algunos de los cuales se vendieron y juraron fidelidad a Hassan, y también constituíamos una molestia grande para las intenciones de las grandes potencias en nuestro territorio. Vamos que éramos como un grano en el culo.

Por otra parte Marruecos, desde su independencia había fijado la mira en nuestro territorio. Éramos la solución a todos sus males. Es como un gato hambriento que encuentra una basura recién sacada de un restaurante. Con la marcha verde y la toma de nuestro territorio logró quitarse dos de los grandes problemas que tenía: Los pobres y los militares. Los primeros cada vez más numerosos y peligrosos, fueron sacados de todos los rincones del territorio para ofrecerles el edén, la salvación, nuestra tierra. También se quitó el problema del ejercito, que tiempo atrás había intentado tomar el poder dos veces. De esta manera les daba entretenimiento y los tendría muy ocupados, sin tiempo para pensar en más revueltas.

Es decir que el país estaba patas arriba y nosotros les servimos para ponerlo en su sitio.

Por último nuestros hermanos los mauritanos también nos las dieron con queso. Eso fue una de las cosas que más le dolió a El Luali, nuestro líder en el Frente Polisario. Curiosamente fueron ellos también, quienes le dieron muerte, arrastrándolo por las calles  de Nuadibú sujeto a un todoterreno.  

Entre Marruecos y Mauritania se repartieron nuestro país. Los primeros el norte y los segundos el sur, previo acuerdo con España, quien finalmente cedió a las presiones internacionales que apoyaban a Marruecos y prefirió salvar el culo y sus intereses, los pocos que le quedaban, a echarnos una mano.

Es como si una pandilla de matones quiere pegar a un amigo tuyo más pequeño. ¿Tú que decidirías?”

- Pues no sé, es una situación difícil.

- Eso mismo era, una situación difícil.

“Marruecos entró en nuestro territorio con trescientos mil ciudadanos, casi todos como he dicho, gente desfavorecida social y económicamente, además de con el ejército, que iba por delante allanando el terreno. Más tarde el ejército Mauritano hacía lo propio por el sur, traicionando nuestra confianza. Años más tarde y después de habernos hecho mucho daño, hubo un cambio de poder y se fueron. Aunque nada varió porque Marruecos hizo suyo el territorio abandonado.

La población saharaui huyó desesperada hacia Argelia, que fue la única que nos apoyó. En ese éxodo murieron muchos, muchos, demasiados…

Después de eso estuvimos en guerra hasta el 91, que firmamos un alto el fuego para que hicieran el referéndum. La ONU estaba y todavía sigue, como mediador y facilitador para que se cumplieran los acuerdos del alto el fuego, es decir, que los saharauis votaran para optar por su independencia. Pero desde entonces, la ONU, que está manejada por los mismos países quienes apoyaron a Marruecos la primera vez, no hace nada, salvo alargar los plazos y mentir al pueblo saharaui.

Mientras, los saharauis estamos siendo ayudados por diferentes asociaciones y organizaciones que nos dan ayuda humanitaria. Gracias a esa ayuda internacional, mayoritariamente española, hemos logrado en los Campamentos una infraestructura suficiente que nos permite vivir sin lujos y con escaseces, pero ya quisieran los pobres argelinos, mauritanos y marroquíes vivir como los pobres saharauis.

El parque temático de ayuda al refugiado funciona, pero nosotros no queremos eso. Queremos la libertad de vivir en nuestra tierra, bien o mal, eso ya nos incumbe a nosotros, pero queremos, anhelamos tener la sensación de pisar lo que es tuyo, aunque ahora Brahim, fíjate, esto que estamos pisando es el Sahara Occidental, tu tierra. Aquella que con nuestra sangre les arrebatamos a los bastardos de los marroquíes”.

- Pero entonces… Esto es nuestro. Es decir. Esto parece muy grande, por qué no se traslada la gente aquí y así viviríamos en nuestra tierra.

- No es tan sencillo. En Argelia estamos protegidos y aquí no. Y además económicamente no sé si interesa. Eso sería un debate muy largo. Es otra cuestión también muy peliaguda y una decisión que los gobernantes tienen que tomar y no toman.

- Pues yo la tomaría. Creo que es mejor vivir aquí que en los campamentos como si estuviéramos de prestado.

- Hay un refrán que dice. “Quien no es revolucionario de joven es que no tiene corazón y  quien lo es de viejo es que no tiene cabeza”. Nuestros políticos ya no son jóvenes.

Seguidamente Fadel cambió de tema, como dando por zanjada la conversación.

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