ÚLTIMO CAPÍTULO: SUEÑO O REALIDAD.
CAPÍTULO 18: SUEÑO O REALIDAD.
La familia de Aichetu, que era la exmujer de Fadel, era muy agradable. Se componía de cuatro miembros. Además de la ya mencionada, estaba Adala, la hija, prima por tanto de Brahim, su marido Ismail, que era militar y trabajaba en la cuarta región y finalmente su hijo Beiruk. Vivían en un pequeño rif, que es como se llama a los asentamientos nómadas, de cuatro jaimas y un pequeño corral para las cabras. La jaima más grande era la de la pareja, mientras otra más pequeña era la de la abuela. Beiruk algunas veces dormía con la abuela y otras con sus padres. Dependía del estado de la abuela, que tenía asma y reuma. También estaba la jaima de la cocina y otra que servía de almacén. A Brahim y Fadel les llevaron a dormir a la jaima pequeña, mientras que la familia permaneció en la grande. Eso sí antes de dormir se dieron un festín con una cabra y todas las reservas de dulces que tenían.
Esa noche a Brahim no le costaría dormirse. A la mañana siguiente, cuando despertó, el sueño que había tenido le rondaba todavía por la cabeza. Se había encontrado con Rabab y le había dicho en un perfecto hasanía las palabras que tenía guardadas para ella.
Ésta como recompensa le había dado un beso tierno en la mejilla. El recuerdo de ese instante fugaz, aunque fuera en un sueño le tuvo contento todo el día: Cuando acompañó a su prima para darle de comer a las cabras, cuando por la tarde acompañó a Ismail a recoger a los camellos, jugando a la hora de la siesta con Beiruk. Desde luego, esa vida, era muy tranquila y sosegada.
A eso de las siete de la tarde, cuando ya anochecía, después de la última taza de té Fadel comentó:
- Ya es hora, vámonos antes de que anochezca. –Y todos montamos en el coche.
- ¿A dónde vamos? –preguntó Brahim.
- A visitar a unos familiares que viven cerca de la Atalaya de Tifariti.
Brahim sintió una punzada en el corazón. Pensó que a lo mejor, por una casualidad, podría…
Al pasar por Tifariti, el núcleo de población más grande de los Territorios Liberados, le pareció bonito. Había mucha vegetación incluso árboles muy grandes. Había también casas nuevas recién construidas, como las que había visto en Tinduf. Pero también había unas casas destruidas, bombardeadas tiempo atrás por los militares marroquíes. Junto a estas un hospital muy nuevo, una escuela y un pequeño centro militar dedicado a la limpieza de minas. Siguiendo por la carretera de tierra había un pequeño huerto, junto a un pequeño depósito de agua. Desde la ventanilla del Nissan se veían los huecos que algunas bombas habían dejado en el camino y otras huellas más materiales como un avión destruido expuesto en lo alto la atalaya, donde estaba el Protocolo de Tifariti y un tanque viejo al pie de la colina. Como a un kilómetro de ahí, a la rivera de un río seco había otro rif de unas seis jaimas, un poco más grande que el de Aichetu. Allí pararon el coche y después de los saludos de rigor les llevaron a una gran jaima. Entraron y se asentaron junto a una pequeña mesa redonda llena de dulces y zumo. Una señora estaba sentada haciendo el té.
Brahim se disponía a tomar la primera taza cuando entraron por la puerta de la jaima tres niñas. De repente la vio. El cabello negro de su media melena ondulando, mientras sus ojos de azabache se clavaban en las pupilas de Brahim. Se produjo un instante mágico, como si un relámpago con dos puntas chocara en sus extremos abruptamente con dos corazones tiernos e inocentes.
Después de tres horas conversando y tomando té Brahim preguntó dónde estaba el servicio.
- Camina un poco, pero no te alejes mucho. La naturaleza es un amplio servicio. –Dijo Fadel riéndose un poco.
Brahim entendió enseguida. No había. Salió de la jaima y la luna llena servía de antorcha. Divisó unos matorrales a lo lejos y fue hacia allá. A la vuelta una figura reconocida estaba esperando al lado de la talja grande que servía de sombra para los duros días soleados. Se acercó hacia ella, la miró, con una mano señaló al cielo y dijo con voz decidida:
“Mnein shof emyum dakarni viha cunlu wahed min hum fi gubla leke enta”
Cuando mires las estrellas acuérdate de mí porque en cada una de ellas, hay un beso para ti.
Ella se acercó y le dio un beso en la mejilla, cerca de la comisura de los labios y menos fugaz del soñado. Cuando abrió los ojos ella estaba corriendo hacia la jaima. Brahim todavía tardó un tiempo en volver. No sólo estaba aturdido por el beso. También tenía otro misterio rondándole por la cabeza.
EPÍLOGO
Antes de entrar a la zona de embarque. Brahim se acercó a su primo y le dijo.
“He soñado que estaba en la Universidad, estudiando ciencias políticas. Luego venía otra vez aquí, algunos no me querían me hacían la zancadilla y alguno hasta me tiraba piedras, pero tú me ayudaste y juntos convencimos a todos de que había que caminar de la mano hacia el Sahara Ocupado. Al final estábamos tú, yo y Rabab en la playa de Dajla, bañándonos juntos como cuando…Oye, te acuerdas del día en que nos bañamos en el depósito de agua. Que yo había soñado con… Bueno olvídalo que no hay tiempo. Tengo que irme. Vendré a verte los veranos y cuida de Rabab.
Lafdal despidió a su amigo con la mano y con el corazón. Lo vio atravesar la puerta y desaparecer.
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Autor: Erik Fente
- Brahím no regresa a España con su madre Ana.
- Es verdad que se queda en el Sahara ocupado.
- Y por el sueño que tiene da a entender que se hace lider.
De todas formas me da mucha pena lo que está pasando allí.
Ya no vas a escribir más sobre Brahím,¿espero que sigas escribiendo cosas de allí y mandes fotos?,y por eso no soy un "pillín".Bueno,he de decirte que ésta semana estamos de fiesta por el Corpus,y de aquí a tres semanas nos dan las vacaciones de verano.Espero verte en Septiembre para que me des clases PROFE.Cuánto tiempo vas a seguir allí en el Sahara, para seguir escribiendote,síno te molesta y no te aburro con mis historias.
Un abrazo de tu joven padawaan.
ERIK
Fecha: 29/05/2010 13:46.
Autor: Erik Fente
Un abrazo de tu joven padawan.
ERIK
Fecha: 27/06/2010 11:23.




