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ÚLTIMO CAPÍTULO: SUEÑO O REALIDAD.

CAPÍTULO 18: SUEÑO O REALIDAD.

La familia de Aichetu, que era la exmujer de Fadel, era muy agradable. Se componía de cuatro miembros. Además de la ya mencionada, estaba Adala, la hija, prima por tanto de Brahim, su marido Ismail, que era militar y trabajaba en la cuarta región y finalmente su hijo Beiruk. Vivían en un pequeño rif, que es como se llama a los asentamientos nómadas, de cuatro jaimas y un pequeño corral para las cabras. La jaima más grande era la de la pareja, mientras otra más pequeña era la de la abuela. Beiruk algunas veces dormía con la abuela y otras con sus padres. Dependía del estado de la abuela, que tenía asma y reuma. También estaba la jaima de la cocina y otra que servía de almacén. A Brahim y Fadel les llevaron a dormir a la jaima pequeña, mientras que la familia permaneció en la grande. Eso sí antes de dormir se dieron un festín con una cabra y todas las reservas de dulces que tenían.

Esa noche a Brahim no le costaría dormirse. A la mañana siguiente, cuando despertó, el sueño que había tenido le rondaba todavía por la cabeza. Se había encontrado con Rabab y le había dicho en un perfecto hasanía las palabras que tenía guardadas para ella.

Ésta como recompensa le había dado un beso tierno en la mejilla. El recuerdo de ese instante fugaz, aunque fuera en un sueño le tuvo contento todo el día: Cuando acompañó a su prima para darle de comer a las cabras, cuando por la tarde acompañó a Ismail a recoger a los camellos, jugando a la hora de la siesta con Beiruk. Desde luego, esa vida, era muy tranquila y sosegada.

A eso de las siete de la tarde, cuando ya anochecía, después de la última taza de té Fadel comentó:

- Ya es hora, vámonos antes de que anochezca. –Y todos montamos en el coche.

- ¿A dónde vamos? –preguntó Brahim.

- A visitar a unos familiares que viven cerca de la Atalaya de Tifariti.

Brahim sintió una punzada en el corazón. Pensó que a lo mejor, por una casualidad, podría…

Al pasar por Tifariti, el núcleo de población más grande de los Territorios Liberados, le pareció bonito. Había mucha vegetación incluso árboles muy grandes. Había también casas nuevas recién construidas, como las que había visto en Tinduf. Pero también había unas casas destruidas, bombardeadas tiempo atrás por los militares marroquíes. Junto a estas un hospital muy nuevo, una escuela y un pequeño centro militar dedicado a la limpieza de minas. Siguiendo por la carretera de tierra había un pequeño huerto, junto a un pequeño depósito de agua. Desde la ventanilla del Nissan se veían los huecos que algunas bombas habían dejado en el camino y otras huellas más materiales como un avión destruido expuesto en lo alto la atalaya, donde estaba el Protocolo de Tifariti y un tanque viejo al pie de la colina. Como a un kilómetro de ahí, a la rivera de un río seco había otro rif de unas seis jaimas, un poco más grande que el de Aichetu. Allí pararon el coche y después de los saludos de rigor les llevaron a una gran jaima. Entraron y se asentaron junto a una pequeña mesa redonda llena de dulces y zumo. Una señora estaba sentada haciendo el té.

Brahim se disponía a tomar la primera taza cuando entraron por la puerta de la jaima tres niñas. De repente la vio. El cabello negro de su media melena ondulando, mientras sus ojos de azabache se clavaban en las pupilas de Brahim. Se produjo un instante mágico, como si un relámpago con dos puntas chocara en sus extremos abruptamente con dos corazones tiernos e inocentes.

Después de tres horas conversando y tomando té Brahim preguntó dónde estaba el servicio.

 - Camina un poco, pero no te alejes mucho. La naturaleza es un amplio servicio. –Dijo Fadel riéndose un poco.

Brahim entendió enseguida. No había. Salió de la jaima y la luna llena servía de antorcha. Divisó unos matorrales a lo lejos y fue hacia allá. A la vuelta una figura reconocida estaba esperando al lado de la talja grande que servía de sombra para los duros días soleados. Se acercó hacia ella, la miró, con una mano señaló al cielo y dijo con voz decidida:

“Mnein shof emyum dakarni viha cunlu wahed min hum fi gubla leke enta”

Cuando mires las estrellas acuérdate de mí porque en cada una de ellas, hay un beso para ti.

Ella se acercó y le dio un beso en la mejilla, cerca de la comisura de los labios y menos fugaz del soñado. Cuando abrió los ojos ella estaba corriendo hacia la jaima. Brahim todavía tardó un tiempo en volver. No sólo estaba aturdido por el beso. También tenía otro misterio rondándole por la cabeza.

EPÍLOGO

Antes de entrar a la zona de embarque. Brahim se acercó a su primo y le dijo.

“He soñado que estaba en la Universidad, estudiando ciencias políticas. Luego venía otra vez aquí, algunos no me querían me hacían la zancadilla y alguno hasta me tiraba piedras, pero tú me ayudaste y juntos convencimos a todos de que había que caminar de la mano hacia el Sahara Ocupado. Al final estábamos tú, yo y Rabab en la playa de Dajla, bañándonos juntos como cuando…Oye, te acuerdas del día en que nos bañamos en el depósito de agua. Que yo había soñado con… Bueno olvídalo que no hay tiempo. Tengo que irme. Vendré a verte los veranos y cuida de Rabab.

Lafdal despidió a su amigo con la mano y con el corazón. Lo vio atravesar la puerta y desaparecer.

26/05/2010 19:58 blogmanrique Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

Capítulo 17 El desenlace: la guerra y la situación actual.

CAPÍTULO 17 EL DESENLACE: LA GUERRA Y LA SITUACIÓN ACTUAL

Brahim, no tuvo oportunidad de comentarle a su primo que la otra persona que estaba en el sueño no era el guardia, sino su amada Rabab. No volvería a salir el tema hasta el día de la despedida. Pero en aquella ocasión él ya dudaba que hubiera sido una casualidad. Algo extraño le pasaba.

A la mañana siguiente su tío Fadel cargó todos los enseres que se necesitan para un viaje a El Badía. El sitio al que iban estaba tan sólo a unos quinientos kilómetros, pero eso en el desierto es una distancia considerable y puede haber mil imprevistos, por lo que más vale estar preparados. Se necesita gasolina de sobra, agua, víveres, alimentos, mantas, materiales para hacer un campamento improvisado…

Por lo visto íbamos a ver a su hija y a una exmujer que tenía allí, que estaba muy enferma y necesitaba estar en tierras donde hubiera más pasto y las camellas dieran mejor leche y un ambiente sin tanto polvo, como el de los campamentos.

El tío Fadel se había casado cinco veces y tenía cuatro hijos más repartidos por ahí, a parte de Mulay, que había tenido con su actual esposa. Eso era muy corriente entre los saharauis. Me refiero a lo de casarse varias veces. Allí existía el divorcio, siempre que el hombre fuera el que lo pedía y la casa se la quedaba la mujer, al igual que los hijos. Entre las causas que explican esta conducta estaba la guerra, que duró 16 años y provocó la escasez de hombres, la cultura nómada y musulmana, y la naturaleza del hombre y la mujer en sí misma. Pero no voy a explicar esto no vaya ser que la historia tome un cariz demasiado filosófico.

Durante el viaje no hablaron nada. Los dos, tío y sobrino, iban absortos pensando en sus cosas. Brahim contemplaba el abismo que le rodeaba. Era impactante, tremendo. Cómo la naturaleza puede ser tan áspera, tan devastadora para los seres vivos. Quién podría vivir allí, kilómetros y kilómetros de… nada. Desierto, tierra pedregosa, una basta llanura de hamada, como un agujero negro. De vez en cuando como un milagro inaudito algún grupo de taljas sobresalía del infierno, para demostrar al mundo que se puede sobrevivir con muy poco. Éstas plantas eran la esencia del pueblo saharaui: “Una gota en el inmenso mar, que te da la vida”.

Antes de llegar a Birlehlu, que significa pozo de agua dulce, hicieron una parada para tomar el té, un poco de queso y carne a la brasa. Al alejarse Brahim un poco para mear, observó que en una piedra había dibujados unos grabados.

- Mira tío aquí en esta piedra hay dibujadas unas jirafas.

Fadel se acercó para mirar y al verlo en su cara se reflejó un alo de tristeza.

- Si Brahim, eso son pinturas rupestres. Son el reflejo de lo que somos ahora. Así está nuestro pueblo, como  nuestro patrimonio, perdido en la inmensidad del desierto.

- ¿Pero es que aquí hubo jirafas?

- Sí jirafas, gacelas, cebús, chacales y hasta leones. Pero ya no queda nada, salvo algunos de nosotros y unos cuantos chacales, que son como las cucarachas, sobreviven al infierno.

En el viaje de vuelta Fadel estaba más hablador. Ya había puesto las cosas en orden y lo que fuera que estaba pensando ya no le preocupaba tanto.

- Así que quieres que siga con la historia…

- Sí quiero saber qué paso, por qué acabamos aquí. ¿Por qué los saharuis estamos en esta situación? –Era la primera vez que ponía el plural en primera persona.

- Bien sigamos entonces. Trataré de finalizar la historia sin irme por las ramas para que tengas una visión de conjunto. Luego ya tendremos tiempo de profundizar en lo que más te interese:

“Sin duda fueron tiempos difíciles, de mucha escasez, miserias, muertes, decepciones, traiciones… Ahora estamos muchísimo mejor que entonces, sólo que hemos perdido nuestra tierra y las raices tan largas son difíciles de recuperar.

El año 75 fue clave, aunque ya se venía mascando todo lo que iba a suceder. No hay un solo culpable en todo este embrollo. Qué facil sería si así fuese. Los españoles nos dejaron desamparados cuando se fueron. Es como dejar a un bebé en un bosque lleno de lobos. No puede sobrevivir. La Comunidad Internacional estaba presionando a España para que se fueran. Algunos países como Inglaterra, Arabia Saudi y sobre todo Francia y Estados Unidos, apoyaban a Marruecos, porque habían hecho acuerdos con ellos para explotar los beneficios de nuestra tierra. España en aquellos momentos era casi tercer mundo, además de una dictadura a punto de derrumbarse por la inminente muerte de Franco. Debían hacer algo ya. Ellos querían poner a un gobierno afín al régimen, es decir, un gobierno que pudieran manejar y con el cual pudieran obtener los beneficios que ellos creían suyos, puesto que habían gastado mucho dinero en el Sahara.

Por otra parte el pueblo, en su mayoría, estaba con el Frente Polisario. Ese grupo de libertarios, imbuidos por otras revoluciones como la argelina o las conducidas por el Che en Latinoamérica. Eramos jóvenes, impetuosos y no supimos leer la situación internacional. El mundo no nos dejó llevar a cabo nuestras intenciones eran demasiado peligrosos para nuestros líderes corruptos, algunos de los cuales se vendieron y juraron fidelidad a Hassan, y también constituíamos una molestia grande para las intenciones de las grandes potencias en nuestro territorio. Vamos que éramos como un grano en el culo.

Por otra parte Marruecos, desde su independencia había fijado la mira en nuestro territorio. Éramos la solución a todos sus males. Es como un gato hambriento que encuentra una basura recién sacada de un restaurante. Con la marcha verde y la toma de nuestro territorio logró quitarse dos de los grandes problemas que tenía: Los pobres y los militares. Los primeros cada vez más numerosos y peligrosos, fueron sacados de todos los rincones del territorio para ofrecerles el edén, la salvación, nuestra tierra. También se quitó el problema del ejercito, que tiempo atrás había intentado tomar el poder dos veces. De esta manera les daba entretenimiento y los tendría muy ocupados, sin tiempo para pensar en más revueltas.

Es decir que el país estaba patas arriba y nosotros les servimos para ponerlo en su sitio.

Por último nuestros hermanos los mauritanos también nos las dieron con queso. Eso fue una de las cosas que más le dolió a El Luali, nuestro líder en el Frente Polisario. Curiosamente fueron ellos también, quienes le dieron muerte, arrastrándolo por las calles  de Nuadibú sujeto a un todoterreno.  

Entre Marruecos y Mauritania se repartieron nuestro país. Los primeros el norte y los segundos el sur, previo acuerdo con España, quien finalmente cedió a las presiones internacionales que apoyaban a Marruecos y prefirió salvar el culo y sus intereses, los pocos que le quedaban, a echarnos una mano.

Es como si una pandilla de matones quiere pegar a un amigo tuyo más pequeño. ¿Tú que decidirías?”

- Pues no sé, es una situación difícil.

- Eso mismo era, una situación difícil.

“Marruecos entró en nuestro territorio con trescientos mil ciudadanos, casi todos como he dicho, gente desfavorecida social y económicamente, además de con el ejército, que iba por delante allanando el terreno. Más tarde el ejército Mauritano hacía lo propio por el sur, traicionando nuestra confianza. Años más tarde y después de habernos hecho mucho daño, hubo un cambio de poder y se fueron. Aunque nada varió porque Marruecos hizo suyo el territorio abandonado.

La población saharaui huyó desesperada hacia Argelia, que fue la única que nos apoyó. En ese éxodo murieron muchos, muchos, demasiados…

Después de eso estuvimos en guerra hasta el 91, que firmamos un alto el fuego para que hicieran el referéndum. La ONU estaba y todavía sigue, como mediador y facilitador para que se cumplieran los acuerdos del alto el fuego, es decir, que los saharauis votaran para optar por su independencia. Pero desde entonces, la ONU, que está manejada por los mismos países quienes apoyaron a Marruecos la primera vez, no hace nada, salvo alargar los plazos y mentir al pueblo saharaui.

Mientras, los saharauis estamos siendo ayudados por diferentes asociaciones y organizaciones que nos dan ayuda humanitaria. Gracias a esa ayuda internacional, mayoritariamente española, hemos logrado en los Campamentos una infraestructura suficiente que nos permite vivir sin lujos y con escaseces, pero ya quisieran los pobres argelinos, mauritanos y marroquíes vivir como los pobres saharauis.

El parque temático de ayuda al refugiado funciona, pero nosotros no queremos eso. Queremos la libertad de vivir en nuestra tierra, bien o mal, eso ya nos incumbe a nosotros, pero queremos, anhelamos tener la sensación de pisar lo que es tuyo, aunque ahora Brahim, fíjate, esto que estamos pisando es el Sahara Occidental, tu tierra. Aquella que con nuestra sangre les arrebatamos a los bastardos de los marroquíes”.

- Pero entonces… Esto es nuestro. Es decir. Esto parece muy grande, por qué no se traslada la gente aquí y así viviríamos en nuestra tierra.

- No es tan sencillo. En Argelia estamos protegidos y aquí no. Y además económicamente no sé si interesa. Eso sería un debate muy largo. Es otra cuestión también muy peliaguda y una decisión que los gobernantes tienen que tomar y no toman.

- Pues yo la tomaría. Creo que es mejor vivir aquí que en los campamentos como si estuviéramos de prestado.

- Hay un refrán que dice. “Quien no es revolucionario de joven es que no tiene corazón y  quien lo es de viejo es que no tiene cabeza”. Nuestros políticos ya no son jóvenes.

Seguidamente Fadel cambió de tema, como dando por zanjada la conversación.

26/05/2010 19:56 blogmanrique Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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CAP. 16. ¿EL ELEGIDO?

 

CAP. 16. “ES BRAHIM EL ELEGIDO”

Nunca antes le había sabido tan rico un baño, aunque fuera en un pozo de agua, destinado a regar los bancales del 9 de junio. Estaban los dos disfrutando, cómplices de una aventura insólita, cuando Brahim rompió el silencio para comentarle a su mejor amigo, algo que le estaba rondando por la cabeza:

- Ayer tuve un sueño realmente extraño. Al levantarme tenía una sensación agridulce, porque el sueño era bonito, estábamos bañándonos, como ahora y disfrutábamos mucho, pero parecía tan real que daba miedo.

- ¡Claro, sí da miedo! ¿Dices tú, que tu ya sueñas esto?

- Sí, era muy parecido, solo que había una persona más.

Lafdal en ese instante se acercó a la escalera de hierro que subía hacia el exterior, con cara de asustado.

- ¿Pero qué haces? ¿Dónde vas? –preguntó Brahim.

- A ver, no personas aquí, aquí guardias y muy malos. Con pulgas malas.

- jijijijiji – se rió “por lo bajini” y es que a veces le hacía mucha gracia la forma de hablar de su primo.

- Iale, Iale, gum gum.

- ¡Que pasa! – comentó Brahim, ahora ya alarmado.

- ¡Guardia viene. Vamos!

Los chicos salieron de allí escopetados. Cogieron la ropa y empezaron a correr mientras poco a poco iban poniéndosela como podían. Cuando ya se sintieron a salvo Brahim iba a preguntar qué había pasado y de nuevo le interrumpió Lafdal.

- Calla. Coge piedra.

- ¡Qué! Otra vez, mira que estás loco, pues esta vez no te voy a hacer caso.

- Mira allí. Perros.

- ¡Ay mi madre!

Brahim notó un escalofrío que le subió por los pies y le llevó hasta por detrás de la cabeza. Un grupo de unos cinco perros les cortaba el paso y había otro par de ellos más a la derecha. Además no parecían que estos fueran perros de los que se les puede acariciar.

- Despacio, anda despacio –dijo Lafdal mientras caminaba hacia delante-. Mira bien y da perro.

Mientras iba caminando, sin perder de vista a los perros que permanecían inmóviles, se agachó para coger un palo.

De pronto el perro que estaba más cerca se arrancó. Lafdal soltó la piedra con rabia y el perro se tambaleó un poco pero siguió hacia él. Brahim lanzó la piedra con todas sus fuerzas, pero falló. El perro pegó un saltó tremendo que iba directo a la yugular de su primo, cuando de repente, con un impulso de superhéroe, Brahim se adelantó un paso e interceptó al perro, como si fuera una bola de béisbol dándole un golpe preciso. Si estuviera en el estadio sin duda hubiera hecho un “home round”.

El perro salió huyendo herido de verdad y los demás debieron pensárselo, porque no se atrevían a continuar… Los dos amigos con movimientos lentos empezaron a alejarse y cuando estuvieron a una distancia más o menos segura empezaron a correr como alma que lleva el diablo.

- ¡Hoy tú! ¡no normal! – y no dijo más pues su español era muy limitado, pero pensó que su primo era alguien especial, no había temblado cuando el peligro normalmente te deja petrificado sin saber actuar. Probablemente le había salvado la vida, por no hablar del sueño. Eso sí que quitaba el sentido. Adivinaba cosas a través de los sueños. Quizás fuera un chorfa descendiente del profeta, quizás fuese el elegido para salvarles del exilio y llevarles de vuelta a la tierra prometida, a su tierra.  

23/05/2010 10:54 blogmanrique Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

CAP. 15. La última aventura antes de Tifariti

CAPÍTULO 15. LA ÚLTIMA AVENTURA ANTES DE TIFARITI

Brahim salió con su fiel escudero Lafdal o más bien al revés. Estuvieron todo el día en la calle, después de que el viento caluroso se calmara. Lamentablemente para nuestro amigo Brahim, no encontraron por ninguna parte a Rabab. Por lo visto se había ido a El Badía, a Tifariti, a los Territorios Liberados, justo al sitio que su tío Fadel le había dicho que iban a ir.

Ese día se acostó, pero no se durmió rápido como de costumbre. Se quedó pensando en la historia de su pueblo. Le había gustado mucho oír la narración de su tío y estaba deseando que prosiguiera, para averiguar todo acerca de la cultura, la historia, el desenlace de la guerra, cómo habrían llegado a vivir en una tierra inhóspita como la Hamada, cómo serían los Territorios Liberados y allí hablaría por fin a solas otra vez con Rabab. Había pensado decirle muchas cosas cuando la viera y ya sabía el suficiente hasanía para intentarlo.

A la mañana siguiente, cuando despertó sintió algo distinto de los días anteriores. Había tenido un sueño muy raro. Estaba con su primo y Rabab bañándose en una especie de charca de agua y debía ser de noche, porque estaba muy oscuro. Seguidamente oyeron unas voces que hablaban como una radio que le faltan pilas. Por último después de un silencio sepulcral el techo se abrió y una luz radiante que le cegó los ojos le despertó.

Esa mañana, como todas las demás se dirigían a la escuela, cuando de repente su primo se paró, puso las manos en jarra y comentó contento:

- Brahim, hoy hace calor. Vamos a enseñar algo a ti.

- Se dice, voy a enseñarte algo…

Y sin mediar más palabra, giró sobre sus talones y cambió el camino radicalmente. Brahim se quedó un instante parado y luego le siguió. No le quiso explicar dónde iban, estaba muy misterioso.

- Pero, ¿y la escuela?

- Mira niño, no faltan profesores a escuela, pues nosotros también.

Y empezó a silbar y a aligerar el paso. Cuando habían recorrido unos cuatro kilómetros, se veían unas pequeñas güeras con árboles, lo cual era bastante extraño allí. Nos subimos a una de ellas y se divisaban una especie de bancales. Había un campo de cultivo allí. Parecía increíble.

- Ahora no ruido. ¡Vamos por allí!

Seguidamente bajó la colina con mucho cuidado y casi de puntillas. Brahim le siguió como si fueran en una expedición secreta a capturar al enemigo. Ya no hablaban sino que se hacían gestos con la mano. Anduvieron escondiéndose así como diez minutos, cuando llegaron a una construcción de cemento, que tenía un portón redondo de hierro en el suelo.

-Quíta ropa. Venga. –Al tiempo que él mismo hacía lo propio.

Brahim se quitó la ropa, pensando que su primo se había vuelto loco. Y una vez su padre le había dicho que a los locos es mejor no llevarles la contraria. Por lo tanto…

Su primo no podía, por lo que le pidió ayuda y entre ambos consiguieron abrir la tapa redonda, que pesaba un quintal.

- ¡Madre mía!

- Venga salta y no ruido, que esto está prohibidísimo…

22/05/2010 21:30 blogmanrique Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

Cap. 14 "FADEL, MIEMBRO DEL FRENTE POLISARIO"

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CAPÍTULO 14 “FADEL, MIEMBRO DEL FRENTE POLISARIO”

“En el invierno del 74, en una mañana a la salida del instituto, mi amigo Ahmed me estaba esperando. Por aquel entonces yo contaba con 17 primaveras y era muy popular entre la juventud. Los profesores se preguntaban cómo era posible que una persona que andaba siempre en todos los líos y peleas, sacara tan buenas notas. Sólo Don Romualdo García, el primer profesor llegado de la península, parecía tener la solución: “Éste chico es como un grabadora, todo lo que le cuentas lo retiene al momento, así que cuidadito con lo que le dices”. La otra característica, la de ser un “liante”, venía por mi condición de casi huérfano, y es que aunque tenía padre, éste nunca estaba en casa, pues era militar de las tropas nómadas y estaba siempre en la frontera del norte. Las pocas veces que venía a casa era para descansar y no le apetecía enderezar el rumbo de nadie. Tenía bastante con intentar entenderse así mismo. 

Ahmed, el rubio, como le llamaban todos, era muy popular, porque era el gerente del cine Avenida, el mayor espectáculo y entretenimiento de Dajla. A mí me dejaba pasar a las sesiones de adultos, vestido con mi darrá. Allí vi mi primera película para mayores, “El Graduado”, la cual me sirvió para, al día siguiente, ser todavía más envidiado entre los alumnos y alumnas del instituto, cuando narré las peripecias de Dustin Hoffman entre madre e hija.

Ese día Ahmed no venía para regalarme entradas: “Tenemos que hablar, Fadel”. Ese tono serio denostaba lo intrigante del contenido.

Nos fuimos a mi habitación, decorada al más estilo “setentero”, póster de los Rolling y los Temptations, un disco de Marvin Gaye, roto por tres partes y pegado con cinta adhesiva, un cuadro bordado a mano, con letras paz y amor en tonos violetas, regalado por mi bella Inés, presidiendo el catre y los pantalones campana doblados encima de la silla.

- Fadel, lo que voy a decirte tienes que guardarlo en secreto y no se lo puedes decir a nadie –dijo Ahmed con voz misteriosa.

- Claro hombre, soy yo, confía.

- Por eso he venido, si no confiara no estaría aquí. ¿Sabes qué es el Frente Polisario? –Asentí con la cabeza sin decir palabra-. Yo soy miembro y quiero que tú seas jefe de una pequeña cédula.

Me contó como funcionaban. Cada cédula constaba de cuatro miembros y un jefe. A su vez ese jefe pertenecía a otra cédula superior. Las cédulas no se conocían entre sí y había un secretismo absoluto. Mi misión era localizar a la gente más popular del instituto entre los cursos inferiores y formar otras cédulas. Al cabo de tres meses, era el jefe coordinador de todas las cédulas del instituto. Estábamos preparados para luchar contra el invasor colonizador.

- Pero tío… Tu padre pertenecía al ejército español –dejó caer Brahim con tono de sorpresa.

- Sí, y no sólo mi padre. Tu abuelo, que me sacaba sólo dos años, también pertenecía en aquella época a las tropas nómadas. Se alistó al cumplir los 18 y todo gracias a María, aquella novia que tuvo. De alguna manera, quería demostrarle que podía llegar alto. De todas maneras las pocas veces que me habló de ello, había sido para quejarse del maltrato recibido por parte de los españoles, de las discriminaciones y las órdenes absurdas de señoritos que no tenían ni idea de lo que era el desierto. Muchas veces muy conflictivas para cumplir por un saharaui.  Una vez, me acuerdo como si fuera hoy, me habló del batallón de castigo de Cabrerizos. Por lo visto el destino de los maleantes de España era el desierto y el trabajo en batallones especiales, su castigo. Soportaban las peores condiciones y los maltratos más inhumanos. Así que, cuando estos salían de permiso, lo pagaban con la población saharaui, salvo uno, que una vez se volvió loco y fue al baile de oficiales y se llevó a cinco por delante. Después se quitó la vida.

Pero no nos desviemos… Estábamos en mis correrías del instituto. El 14 de marzo de ese mismo año, a la entrada del instituto, unos coches de la policía tiraron unos panfletos que decían lo siguiente:

Encontraremos a los traidores terroristas del Polisario y acabaremos con ellos sin compasión.

Todo el que tenga información sobre el tema tiene la obligación de comunicarlo inmediatamente a la policía territorial.”

Inés, que por entonces era mi novia, me preguntó si sabía algo. También los profesores me preguntaron. Yo me hice el sorprendido e incluso el ofendido.

Esa misma tarde recibí una orden de Ahmed. Nos habíamos reunido delante del cine a la vista de la policía y de todo el mundo. “Lo más simple y normal es lo menos sospechoso”, decía siempre “El Rubio”.

- Esta noche se terminan las pancartas y mañana quiero ver a todo el mundo a las 10 de la mañana. Las banderas debajo de la darrá. No quiero ver que nos descubren antes de tiempo. –dijo Ahmed mientras disolvía rápidamente la reunión.

Al día siguiente en la manifestación, entifada, como la llamamos nosotros, había miles y miles de saharauis, venidos de todos los rincones del territorio. El Polisario demostró que no era una banda de niñatos, sino la fuerza política apoyada por el pueblo, la mayoría por convicción y otros por presión, porque el Polisario trabajaba todos los frentes: político, social y armado.

Cuando se sacaron las banderas y las pancartas la cosa se puso tensa. El ejército cargó y empezó a pegar y a detener a la gente. Aquí en el Sahara la policía no eran grises, sino negros, porque es así como se te pone la sangre, cuando siendo un auténtico saharaui, tienes que pegar y maltratar a otros de tu mismo pueblo bajo las órdenes de aquellos que  te tienen subyugados.

Yo fui detenido junto con otros muchos. Durante tres días había que aguantar las palizas, porque era el máximo tiempo que te retenían. Aunque el tiempo es relativo, porque dependía de lo rápido que soltases información. Yo no di ni una simple nota de do, salvo para gritar de dolor. Al cuarto día, seguían torturándome y ya no podía salir de mi boca ni el más débil aliento. Me tuvieron un mes encerrado, al cabo del cual, salí siendo un héroe para mi gente, un bastardo para mi padre y un traidor para Inés, que no volvió a hablarme nunca más.

La relación  con mi hermano fue más complicada. A él no le hizo ninguna gracia, porque se lo hicieron pasar muy mal. Le acribillaron a  preguntas y miradas de desconfianza. Pero en el fondo estaba conmigo.

Seis meses más tarde, yo había pasado a la fracción militar. Estaba situado con mi grupo de asalto en el Uad Liaddasia, donde la vegetación era abundante y nuestros camellos pastaban, mientras nos hacíamos una buena merifisa. No nos enteramos de nada, hubiéramos sido una presa más fácil que un conejo cojo, si no hubiera sido por una bala que salió antes de tiempo. Una bala que se fue a clavar en el tabal, un pequeño tambor que yo siempre llevaba conmigo. Rápidamente huimos en estampida y logramos salvarnos todos.

Justo un año después, en noche cerrada, el 25 de diciembre del 75, entré en el Aaiún con un camión para evacuar a los saharauis que pudiera. Las tropas marroquíes iban a entrar en la ciudad y no dejarían títere con cabeza, sería un exterminio. Fue cuando me encontré a mi hermano Brahim otra vez. Logré salvarle a él y a su familia. Las últimas palabras que me dijo las tengo grabadas a fuego en mi memoria.

- Siento haber estropeado tu cabal, hermano. Pero ya era hora de que me vengara por las tardes de martirio que me dabas desde tu habitación de hippie.

Yo me reí. Me reí mucho.

Mi hermano, antes de que yo moviera un dedo para ayudarle, se había jugado la vida por mí. A saber lo que le habrían hecho por disparar esa bala de aviso.

En ese momento entró Mamía con la comida. Hoy había hecho un cus-cus, que olía a gloria. Después de comer ese suculento plato, parece que el viento se había calmado milagrosamente y mi tío nos dijo que otro día seguiríamos con la historia, que por hoy ya estaba bien. Seguidamente se acomodó en posición bidán para quedarse dormido al momento.

Yo me quedé con un montón de intrigas y, en realidad, tenía ganas de que siguiera contándonos la historia del Sahara y su propia historia, pero también tenía ganas de salir un rato de la jaima. Y Lafdal se moría de ganas por ir a dar una vuelta. Salimos a tomar el aire. Quien sabe, quizás nos encontráramos con Rabab.

15/05/2010 19:50 blogmanrique Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Capítulo 13 "La historia del Sahara 1º parte"

Capítulo 13 La historia del Sahara.

El viernes por la mañana amaneció un día cabreado. El irifi soplaba de veras y con rabia. A penas se podía salir de la jaima sin que los granos de arena estallaran en tu cuerpo como si fueran perdigones. “El viento en el desierto es como una mujer, cuando menos te lo esperas te la ha liado” –dijo Fadel sin cambiar el gesto y mirando a Mamía con aire misterioso-, menos mal que nos queda el té.

- Hoy tendremos una lección de historia, ¿vale chicos?

- Pues no sé que decirte, tío –contestó Lafdal, sin mucho entusiasmo.

- ¿Nos vas a contar alguna historia de las tuyas? –Dijo Brahim algo más animado, porque ya estaba acostumbrado a los relatos de Fadel y al bálsamo relajante de su voz melodiosa.

- En efecto, os voy a contar la historia de vuestro pueblo. Dentro de unos días iremos a los territorios liberados, y me parece oportuno contaros la sabia y los anillos de vuestro árbol, para que sepáis valorar la tierra que vais a pisar. Todo saharaui debe conocer sus raíces. Es una vergüenza que en la escuela no os enseñen esas cosas. Hoy en día los jóvenes no saben nada de su pueblo y así no vamos a llegar a ninguna parte. Si todo el mundo se olvida de lo que fue, cómo van a luchar por ello. Es increíble.

Torciendo el gesto y mascullando para sus adentros, fue preparando los aperos del té. A medida que iba colocando los vasos y poniendo agua en la tetera se le fue cambiando la cara hasta conseguir un semblante sereno, casi místico. Estaba literalmente en trance.

“La suerte de nuestro pueblo ha cambiado mucho en este último siglo, pero ha ido todo de mal a peor y no somos capaces de enderezar el rumbo. Nosotros solemos decir que todo es designio de Ala, pero como no hagamos algo más…En fin, a lo que vamos.

A finales del siglo XIX nuestro pueblo estaba formado por distintas castas, y dentro de estas había muchas tribus. Las más importantes eran las castas guerreras “los arab” y las religiosas, “sauias”, que se dedicaban a los estudios coránicos para aconsejar a la gente. Entre estas, los “chorfas” eran los descendientes directos del profeta. A esta clasificación  pertenecía, por ejemplo, una de las tribus más importantes del Sahara, los erguibat, aunque luego debido a su rápido crecimiento tuvieron que hacerse guerreros. Dentro de cada tribu había muchas fracciones y familias. Y cada fracción solía tener un jefe o chej.

Después, en orden de importancia, tenemos las tribus pastoras o pescadoras. Estas, llamadas eznagas, tenían que pagar dinero a las tribus guerreras para que les protegieran de posibles enemigos. Generalmente de ellas mismas, porque si no pagaban se dedicaban a hacer lo que sabían, guerrear.

Por último tenemos los majarreros, los artesanos, que eran tribus muy desprestigiadas, porque se dedicaban a trabajar con las manos y en el escalafón más bajo se encontraban los esclavos.

- ¡Pero es que había esclavos! –exclamó Brahim con sorpresa.

- Pues sí, han existido hasta hace bien poco, incluso en Mauritania todavía quedan algunos vestigios, aunque ahora los llaman boys… Pero déjame que continúe.

“Nosotros vivíamos felices en esa relativa paz de los habitantes del desierto, que cuando no nos mataba el desierto, nos matábamos entre nosotros, porque la convivencia entre las distintas tribus no es que fuera de lo más pacífica. En esas estábamos cuando en 1884 vino un tal Emilio Bonelli, a las órdenes del primer ministro Cánovas del Castillo, procedente de España. Se instalaron construyendo una cabaña muy pobre en lo que ellos llamaron más tarde Villacisneros y ahora se conoce como Dajla. Sus intenciones no eran del todo malas, querían, según ellos, hacer negocios y a base de sobornos a los jefes de las tribus, consiguieron que estos firmaran un papel en el que decía que estaban a las órdenes del rey de España. Esto sirvió para que años más tarde. en 1900, un funcionario francés y otro español se reunieran en París y se repartieran el territorio. Por lo visto fue muy gracioso. Se pusieron a tirar líneas en un mapa: “Esto pa ti, esto pa mi” y así salió configurado lo que ahora es el Sahara Occidental, como un polígono irregular, con un pequeño quiste en el lado derecho, que eran unas minas en Mauritania a las que Francia no quería renunciar. Los segmentos que allí quedaron dibujados en ese mapa por dos funcionarios pedantes es el territorio que ahora, en parte, reclama nuestro pueblo. Desde luego, parece un chiste de esos:

Un inglés, un francés y un español, se reúnen para dibujar un mapa…

En realidad eso a los saharauis no nos afectaba en absoluto, porque nosotros somos los habitantes del desierto del Sahara y éste no tenía fronteras, ¡cómo se van a poner puertas al desierto! nos seguíamos moviendo como queríamos en busca de las nubes y los pastos para alimentar a nuestros camellos y cabras. Además los españoles no se movían de la costa, en aquellos momentos sólo tenían tres asentamientos, el antes citado, La Güera y Villabens, y seguían pagando tributos a los jefes de las tribus para estar allí. De tal manera que estos tampoco protestaban mucho.

En 1934 ocurre un hecho especial. Chej Ma el Ainin reúne por primera vez a todas las tribus, para luchar contra los franceses porque querían asentarse en el territorio e imponer sus normas y esto a los saharauis no les gustaba nada. Los franceses fueron expulsados.

Otro hecho muy importante fue la independencia de Marruecos en 1956, porque desde ese momento los marroquíes empezaron a diseñar estrategias de todo tipo para intentar quedarse con nuestro territorio que en esos momentos estaba bajo gobierno español. Y preguntaréis, por qué dejaron los saharauis que los españoles les gobernasen y no dejaron a los franceses, ni a los ingleses ni a nade más.

- Si, ¿por qué? No lo entiendo –contestaron casi al unísono.

- Veo que estáis atentos. Bien, pues porque en realidad los españoles estaban allí, pero no interferían en la vida de los saharauis, que tenían sus propias leyes. Además los españoles seguían pagando tributo a los chiuj, los jefes. Es decir, que los tenían comprados de alguna manera. También habían creado muchos puestos de trabajo en el ejército y en la fábrica de pescado y además habían traído la modernidad, asentando las primeras ciudades en el desierto.

Por aquel entonces el sistema de tribus había cambiado. Las tribus guerreras habían desaparecido, ya que no hacían falta, porque era el ejército español el que imponía el orden y la ley. Ahora el orden de importancia de las familias lo daba la cantidad de camellos que tenían, aunque poco a poco el dinero, que antes no se utilizaba en el desierto porque utilizábamos el trueque, iba mandando cada vez más.

En 1957 Ben Hamu, un nacionalista que quiere expulsar a los españoles y a los franceses de los territorios del Sahara, entra en el Sahara Occidental, supuestamente con la intención de atacar los asentamientos franceses en Mauritania, aunque, por supuesto, era una artimaña. Después de comprobar las intenciones, el gobierno español, que no tiene apenas destacamentos en el Sahara, pide ayuda a Francia. Estos dos países se tienen que unir para expulsarles. A cambio de la ayuda que Francia y el rey de Marruecos le prestaron a España. Ésta le regala a Marruecos la región de Tarfaya, situada al norte del Sahara Occidental.

- Pero, ¿por qué España le regala eso a Marruecos? No es justo –dijo Brahim muy afligido.

- Pues no, no lo es y más teniendo en cuenta que Ben Hamu era más un aliado del sultán de Marruecos, que una amenaza independentista. Esa es una de las muchas estratagemas del sultán de Marruecos, entonces Mohamed V. Además muchos de los guerrilleros de Ben Hamu eran saharauis auténticos, que querían la independencia y tuvieron que luchar contra otros que estaban en el ejército español, entre las tropas nómadas y la policía territorial. A veces unos hermanos contra otros. Esta fue una constante en los últimos años hasta el 75.

“A todo esto, España es la última potencia europea que mantiene colonias en África y las Naciones Unidas le presionan para descolonizar el Sahara inmediatamente. Franco, para burlar a la ONU, convierte al Sahara en la provincia 53 y firma con compañías petrolíferas americanas la búsqueda de petróleo (más tarde descubrieron indicios en 27 puntos). Lo que quiere la metrópoli es rentabilizar todo el dinero que se ha gastado en el Sahara antes de marcharse. Si es que pensaba marcharse alguna vez. En 1962, es España a través del INI, quien descubre uno de los mayores yacimientos de fosfatos. La ONU sigue insistiendo a España para que realice un referéndum de autodeterminación. Para esquivar otra vez esta propuesta, Franco creó la Yemad o Asamblea de Notables, que era el grupo de chiuj que seguían teniendo igual de comprados.

En 1969 se funda la empresa FOS BUCRAA. Esto no le gustó nada a Marruecos quien era uno de los países que más riqueza tenía en fosfatos. Tampoco les gustó mucho a algunos saharauis que estaban viendo como todas sus riquezas estaban siendo saqueadas y explotadas. Además había un descontento entre la población, ya que los saharauis se daban cuenta que eran ciudadanos españoles de tercera categoría. Cobraban menos de la mitad que cualquier español por el mismo puesto de trabajo. No les dejaban estudiar más allá del bachillerato, salvo a alguna decena de ellos, que además eran hijos de algún notable. Fue ese mismo año cuando nuestro primer mártir Basiri fundó el Movimiento de Vanguardia y Liberación del Sahara. Que tontos fueron los españoles de no aprovechar este momento, porque podían haber tutelado un estado en el Magreb, si hubieran sido un poco más listos. Este movimiento, tan sólo pedía que se les concediera regirse por ellos mismos, de una manera escalonada, bajo la tutela de España.

Sin embargo esto no llegó a unos oídos de políticos inteligentes, sino a los de militares franquistas, quienes atajaron este movimiento con mano firme y dura. Basiri fue arrestado después de la manifestación del barrio de Zemla, donde además hubo una decena de muertos. Éste desapareció y es un misterio todavía qué manos le dieron el último empujón hacia los cielos, porque eran muchos los intereses para que no siguiera con vida, había mucha gente que se beneficiaría con su muerte: entre ellos Marruecos o algunos notables saharauis. De todas formas este fue el preludio de lo que fue el siguiente movimiento. Ya el descontento en la población saharaui era manifiesto y el odio al colonizador se estaba extendiendo demasiado rápido. En 1973 se crea el Frente Polisario, con saharauis procedentes de todos los rincones del desierto: Tarfaya, Argelia, Mauritania y por supuesto del Sahara Occidental. Estos ya no tenían el talante conciliador y dialogante de sus predecesores, sino que eran un grupo armado y así se lo harían saber al ejército español unas semanas después, exactamente el 20 de mayo”.

- Esto que cuentas es muy interesante tío, pero, ¿y tú que hacías en esa época?

Brahim había estado muy atento a la historia de su tío. Desde que vino a los campamentos se había estado haciendo muchas preguntas y ahora parecía que algunas de ellas se le iban aclarando.

10/05/2010 18:43 blogmanrique Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

Capítulo 12. La eternidad del tiempo en el desierto.

CAP. 12 LA ETERNIDAD DEL TIEMPO DEL DESIERTO

Al final de esa semana Brahim creía llevar al menos un mes en los campamentos. No se podía creer que sólo hubiera estado allí siete días.  La cantidad de nuevas cosas que le habían pasado y que había aprendido eran mucho mayores que todas las del año anterior. Había conocido a un montón de gente, sus costumbres, un nuevo idioma, nuevas comidas, un paisaje totalmente distinto al que estaba acostumbrado. Además el tiempo parecía detenerse y durar una eternidad. Era como en esas películas de superhéroes, cuando el protagonista frota sus manos y concentrándose puede parar el tiempo para poder campar a sus anchas, mientras los demás permanecen inmóviles como estatuas. Pues en el desierto era lo mismo. Desde que se levantaba hasta que se acostaba hacía miles de cosas: Además del colegio y sus clases particulares con Lafdal, jugaban su partido de fútbol todos los días, iban a visitar al abuelo para tomarse un té con él, daban de comer a las cabras, jugaban con sus amigos a tirarse por la arena de la gran duna, jugaban con una rueda de coche que tenía el amigo de Lafdal, Mahfud. Ese juego le gustaba mucho. Consistía en darle con un palo golpes a la rueda y hacerla girar sin que se cayese. También iban a tirar piedras a los perros vagabundos, que solían moverse por el extrarradio de los campamentos, entre la basura que hay esparcida por todas las afueras. Allí también solían buscar objetos metálicos, móviles, antiguos cacharros eléctricos para destriparlos y ver lo que tenían por dentro. Una vez, el año pasado, un amigo de Lafdal al que llamaban el chisme, fue capaz de fabricar una radio con los restos de muchos aparatos rotos y desde entonces tenían música que le ofrecía la banda sonora de sus aventuras.

 Básicamente estaban todo el día en la calle. La casa sólo la pisaban para comer y para acostarse, lo cual venía sucediendo entre las diez y las once. Allí nadie le tenía que mandar a acostar, porque caía rendido sin remedio. Y además daba igual donde. Ni colchón ni nada. Luego por la mañana se despertaba en su sitio de la jaima tapado con una manta, pero era su tío Fadel quien le colocaba allí, recogiéndolo de cualquier rincón donde se hubiera quedado dormido.

Era increíble la diferencia  que había entre España y los Campamentos. En España era todo más, no sabía cómo decirlo, más… rollo, esa era la palabra. Su madre le tenía que llevar a la escuela en coche, no solían jugar casi entre semana, porque además como vivía fuera del pueblo, todavía era pequeño para ir sólo hasta clase. Siempre con su madre que le acompañaba a todos los lados. Además toda la vida programada desde que se levantaba, que si clases particulares de inglés, que si ahora toca ir a música, ahora los deberes, ahora cena, a las diez a la cama. Hasta la televisión estaba programada, sólo mientras te tomas la merienda y antes de la cena. Allí la televisión no la había visto ni un minuto, aunque estaba puesta cuando llegaba a casa, porque la tía Mamía no se perdía las telenovelas, pero él no le prestaba atención y además no echaba de menos la tele para nada. Ni siquiera para ver fútbol.

En los campamentos estaba todo el día en la calle y nadie le decía nada, ni a qué hora esto ni a qué hora lo otro. Ni siquiera a la hora de las comidas, porque como tenían tanta familia si no comían en una casa, comían en la otra. Esa era otra cosa que le gustaba de veras; allí tenías muchas casas, porque en todas las casas eras bienvenido. Pero sin duda, lo que más le había llenado en ese tiempo, además de descubrir el flechazo del amor por primera vez, que no es moco de pavo, era su amistad con Lafdal. En una semana Lafdal se había convertido en su mejor e inseparable amigo. Iban a todos los lados juntos. Tanto es así que hasta no recordaba haberse separado de él ni un minuto. Ni siquiera para irse a dormir, porque unas veces Lafdal dormía en su jaima y un par de veces, él había dormido en la suya. Nunca antes había encontrado un amigo tan fiel y tan bueno. Le iba a costar mucho trabajo volver a España. Por primera vez pensó que no le apetecía volver y se puso triste pensando en Ana. Ella si que le echaría de menos. No podía olvidar eso, no podía perderse en este mar de aventuras, sin tener en cuenta su realidad, menospreciando el amor que le había dado la única madre que él había conocido. Tenía muy claro que eso nunca lo haría, aunque por momentos y ante tanto acontecimiento inesperado se hubiera dejado llevar. Decidió en ese mismo instante escribirle un email y se fue al ciber a enviárselo.

05/05/2010 11:41 blogmanrique Enlace permanente. sin tema Hay 7 comentarios.

FISAHARA.

Estos últimos cuatro días hemos estado desconectados del mundo, porque hemos ido a Dajla, al Festival Internacional de Cine del Sahara.

Es uno de los cuatro grandes acontecimientos que se producen en los campamentos a los largo del año, junto con el Maratón, la Semana Cultural y Artifariti.

Este año han venido muchas estrellas y famosos del cine y del espectáculo, entre ellos Victoria Abril, Rosa María Sardá, Alex Angulo, Wili Toledo, y muchos actores más que desconozco sus nombres: como el de la peli de Celda de 211, pero no Luis Tosar, el moreno, o también, el del Camino de los Ingleses, que tampoco sé como se llama, la peluquera de cuéntame, la rubia... En fin unos cuantos.

Se pasaron por aquí diferentes reporteros y prensa, de hecho, creo que la próxima semana saldrá en Caiga quien Caiga y en el del Follonero, que también estaba por aquí.

El festival concluyó ayer con un concierto de Ivan Ferreiro, antiguo cantante de los Piratas. Que quién es... Pues es un tío un poco soso... Por lo menos cantando.

Nos lo hemos pasado muy bien, además de conocer un montón de gente. Los más interesantes, no han sido los famosos, sino otra gente anónima entre la multitud, pero que dejan a estos a la altura del betún. Me voy a abstener de hacer comentarios sobre ellos, pero son como el resto de las personas los hay mejores y peores. El que más me ha impresionado por su sencillez es Alex Angulo y la que más ........ me ha parecido ha sido la diva, Victoria Abril, aunque como es lógico no he hablado grandes cosas con ella, así que no diremos nada más.

Por cierto, conocí a Brahim el personaje de mi cuento, o al menos, un chico que tiene una historia muy parecida a Brahim, que aun siendo saharaui era la primera vez que estaba en los campamentos y no sabe hablar ni árabe ni hasanía... Con decirte que hablo yo más que él.

Un beso para todos....

P.D... Antonia el aula de ordenadores va de maravilla.

P.D. Chicos y chicas, suerte en los exámenes, nos vemos en junio.

03/05/2010 11:27 blogmanrique Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Las gasolineras

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Como sé que algunos, pillines, lo que os gusta son las fotos, porque eso de tanta lectura...

En fin. Serafín. Pues aquí os mando una. Esta es una gasolinera típica del Sahara. Son sencillamente bidones de gasolina puestos en altura, con un sistema de imanes y una goma, que va marcando cuanto ha bajado el bidón.

Aquí la gasolina es muy barata, porque Argelia es productora de ella. Pero tienen dos calidades y la de los campamentos, suele ser la mala, que desgasta ,más si cabe, los coches de por aquí.

Ya tengo escrito el capítulo de 12 de Brahim, que se titula la eternidad del tiempo en el Sahara. También he escrito algún informe: Uno sobre economía, otro sobre las dunas... Y quiero escribir uno sobre la historia, que lo tengo en la cabeza desde hace tiempo... ¿Qué queréis que publique primero? Se admiten sugerencias. Un abrazo...

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28/04/2010 10:57 blogmanrique Enlace permanente. sin tema Hay 5 comentarios.

Cap. 11 LA ESCUELA

Cap.11 LA ESCUELA.

A las siete de la mañana, los rayos del sol que entraban por las rendijas de la jaima, despertaron a Brahim. Ya había movimiento dentro, Mamía estaba sirviendo el desayuno en una mesita baja de plástico que ponían para hacer las comidas. Cogió a Mulay y lo puso frente a la mesa dándole un cacho de pan. Éste todavía dormido y con los ojos cerrados empezó a dar mordisquitos al pan y a medida que iba comiendo sus ojos se iban abriendo. Fue como ver amanecer, cuando sus ojos enormes como platos alcanzaron el zenit.

- Hoy vas a ir a la escuela. Así que desayuna rápido, que todavía tienes que lavarte y dentro de un rato vendrá Lafdal a buscarte –comentó Fadel.

-Pero si hoy es sábado ¿Cómo voy a ir a la escuela?

-Aquí el sábado es como el lunes para vosotros. Así que venga date prisa.

A regañadientes, porque no le apetecía nada ir a la escuela, obedeció. Para él, estos días eran como unas vacaciones extra y el hecho de ir al colegio no ayudaba mucho, aunque por otro lado, tenía curiosidad de saber como sería la escuela allí. Cuando estuvo listo, su tía Mamía le cogió por banda y peine en ristre le hizo un peinado, estilo raya al medio, que le dejó como un dandi de los 70. Además le aplicó una buena capa de fijador para que no se le moviera un pelo y le echó un chorrazo de colonia, “que para qué necesitan duchas allí”. El olor a pachuli, no se le fue en todo el día.

En ese momento llegó Lafdal y emprendieron camino a la escuela. Tardaron exactamente cinco minutos y es que la casa de Fadel estaba muy cerca de las dos escuelas que había, que por otra parte estaban casi juntas. Tan sólo las separaba una calle.

Antes de entrar a la escuela. Los niños formaron ante un mástil y se izó la bandera saharaui, mientras se cantaba una canción. Después las filas una a una fueron desfilando hacia la entrada. Brahim se puso en todo momento detrás de Lafdal, imitándole en todos sus gestos, como si fuera su sombra. Los pupitres eran antiguos, estaban soldados de dos en dos, de manera que se sentaron juntos, uno al lado del otro. Un niño fue a sentarse en el asiento de al lado de Lafdal, pero este le dijo algo en hasanía y el niño se marchó a otro asiento.

Cuando entró la maestra, todos se levantaron y dijeron una frase como si estuvieran recitando un verso. La maestra se quedó de pie mirando a todos y de pronto su mirada se detuvo en Brahim. Señalándole con el dedo, le dijo:

-Ila hom – e hizo un gesto con los dedos que no cabía otra interpretación, ven aquí.

Brahim se levantó y fue al lado de la profesora. Esta le cogió con un gesto amable poniendo la mano en el hombro y dijo algunas palabras en hasanía. Los niños escuchaban sin decir nada y luego todos al unísono dijeron:

-Merhaba – la profesora entonces hizo otro gesto inequívoco para que se sentase.

Brahim estaba muy atento y aunque no entendía casi nada, a algunas palabras, más o menos, les podía dar una interpretación lógica. Estaba decidido a aprender el idioma. Además de que ahora era también el suyo, quería entenderse con Rabab y esa parecía la única manera, porque mediante gestos no le iba a poder decir todas las cosas que quería. Y eso que con la mirada que se habían echado el otro día, se habían dicho un montón de cosas.

Al comienzo de la clase, la maestra le dio un cuaderno y su primo le prestó un lápiz para escribir. Estuvo copiando lo que había en la pizarra, pero entre que las letras eran garabatos y que escribían de derecha a izquierda no se enteraba de nada. Lo único que hacía él era dibujar lo que había. Eso sí, se esmeró tanto que la maestra hasta le felicitó, o eso parecía, aunque no sabía que narices había copiado. Estaba claro que necesitaría algo de ayuda para aprender ese idioma tan raro.

Las siguientes dos horas fueron mucho mejores. En matemáticas estaban con la tabla de multiplicar y además les pusieron unas cuantas restas y sumas, que para él, por supuesto, estaban chupadas. Al final de la clase les puso en fila e hicieron una rueda de multiplicación. Los números no los entendía, pero su primo se los traducía y él no tenía ningún problema en decir el resultado, claro que lo decía en castellano y luego su primo lo decía en hasanía. De tanto repetirlos casi se aprendido todos los números del uno al diez: “wahed, znein, zalaza, arbaa, jamsa, sita, sabaa, zamania, tisaa y achra” o algo así…

La siguiente clase fue de español. Cuando llegó el profesor todos los niños gritaron:

- ¡Buenos días maestro! –poniéndose en pie.

Brahim supuso que esa sería la frase que antes habían dicho en hasanía porque sonaba de la misma forma.

 El imaginaba que en la clase de español se lo iba a pasar en grande, pero la verdad es que se aburrió un poco, porque era una clase muy repetitiva y nada divertida, aunque como el profesor traducía muchas veces, le sirvió para aprender algunas frases. Lo que no le gustó nada fue la actitud del profesor, porque estaba todo el rato con una vara y aunque no pegó a nadie, a veces amenazaba a los niños con darles.

- Pero es que os pega con la vara –preguntó Brahim en voz baja.

- Cállate. –Como diciendo, “no quieras probar”. Y es que en la clase no se movía ni un alma. Había un silencio sepulcral y parecía que estaban en misa. Brahim interpretó que era mejor hacer caso a su primo.

En el recreo los niños salieron a la calle a jugar. Fue entonces cuando Brahim acribilló a preguntas a Lafdal.

- ¿En qué curso estás tú?

- En quinto A

- En quinto  y todavía no sabéis multiplicar…Pero si yo estoy en tercero en España y ya nos vamos por la división.

- Es que… muy difícil. Se me olvida.

- ¡Madre mía!, pues vamos a tener que hacer un trato. Tú me enseñas el idioma y yo te enseño las tablas de multiplicar. Porque la verdad, es que no me entero de nada.

- Vale. Yo enseño a tú.

- Se dice a ti. Yo te enseño a ti…

Brahim siguió haciendo preguntas a Lafdal, sobre los profesores y las demás asignaturas, aunque este le contestaba con evasivas hasta que rápidamente zanjó el cuestionario de forma rápida, porque lo que quería era aprovechar el recreo para jugar al fútbol.

- ¡iale! A jugar fútbol.

Brahim no tuvo más remedio que aplazar las dudas para luego. Acordaron después de clase dedicar la tarde a estudiar. Brahim, no le dijo a Lafdal el verdadero motivo de su interés desorbitado por aprender el idioma, aunque este a medida que pasaron los días creo que se fue haciendo una idea, porque cuando a la salida del colegio veían a Rabab, que iba a la escuela de al lado, Brahim se quedaba tan embobado mirándola que no escuchaba a quien le estuviera hablando.

Todas las tardes después de salir del colegio se iban caminando hasta el final del campamento, donde había una gran duna y a su sombra se ponían a estudiar. Los dos primos empezaron a darse clases mutuamente. Brahim le ayudaba con las matemáticas y los deberes de español. Porque aunque Lafdal sabía hablar más o menos bien español, no sabía leer y menos escribir. A cambio éste le enseñaba árabe y hasanía. Una de las dificultades estribaba en que ellos tenían dos lenguas: El árabe, que es la lengua oficial para todos los musulmanes, porque es la lengua del Corán, su libro sagrado y el hasanía que es el dialecto de los saharauis. Ésta es muy parecida al árabe, pero no se escribe, sino que es una lengua sólo oral. Esto era un poco lioso, pero poco a poco Brahim fue aprendiendo a decir algunas frases sencillas y sobre todo a interpretar esos signos tan raros que había visto por primera vez, escritos en aquella  pizarra de la clase del colegio.

La motivación de Brahim y la inteligencia de ambos hicieron que esa semana fuera la más provechosa de sus vidas. Nunca antes habían aprendido tan rápido ni en la escuela ni en ningún otro sitio. Ellos dos constituían un tándem magnífico, el dúo dinámico, Cristiano e Higuaín o Chavi y Mesi… “Que para gustos colores”.

26/04/2010 10:20 blogmanrique Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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